Carlos Abad: “Huyo de contar mi vida en las canciones”

0
393

carlos-abad

Carlos Abad: “Huyo de contar mi vida en las canciones”

“En busca del tiempo perdido” es el quinto trabajo editado en la carrera del músico sevillano Carlos Abad (Sevilla, 1982) y el primero en solitario. El disco ha sido producido bajo el sello discográfico Los Nuevos Bárbaros y ha sido grabado y mezclado en los Estudios 335 (Lora del Río), propiedad del también músico Domingo Díaz, junto a quién el autor coproduce el álbum. “En busca del tiempo perdido” es un trabajo que refleja ampliamente las influencias musicales de Carlos, desde el folk-rock americano hasta el pop británico de los 60, y donde por supuesto no deja a un lado sus referentes más cercanos dentro de los grandes nombres del rock español.

El disco lo forman once canciones que comparten en sus letras la temática que refleja el título: el paso del tiempo, la nostalgia, el devenir de las relaciones humanas o la identidad frente al cambio.

“Quería jugar las dos caras de la moneda, negativo por la nostalgia, por las ausencias y el desgaste, pero con partes que son más positivas, en el sentido de asumir el paso del tiempo y convertirlo en algo provechoso” (Carlos Abad)

Pero este halo de dulce nostalgia no es solo reflejada en las trabajadas letras, también lo es en la música, dado los sonidos que recuerdan al rock sesentero y setentero que impregnan sus 10 cortes, haciendo patente todas las influencias de sonidos como los de Rolling Stones, Bob Dylan, Bruce Springsteen y sobre todo The Beatles, que han marcado a Carlos Abad y cuya devoción a la música debe a su padre a quien en su memoria está dedicado el trabajo.

Aun siendo su primer álbum editado en solitario, para su grabación ha contado con la participación y colaboración de grandes músicos, como son los que integran junto con él, la banda Los InfamesDomingo Díaz, Guillermo Luceño y Luís Abad. También ha contado con Quique Ruíz, José Vega (La Familia Corleone) y hasta Carlos Goñi (Revólver), quien se implicó durante el proceso de mezcla y mastering del álbum, así como en la presentación en directo y puesta de largo del disco en una conocida sala de Sevilla.

En la siguiente entrevista vamos a tratar de conocer un poco mejor a Carlos Abad y su música, también a los integrantes de su banda Los Infames, formación con la que este trabajo está grabado y con la que está girando por salas y distintos eventos musicales.

– ¿Cómo nace tu pasión por la música y como llegas a dedicarte a ello de este modo tan personal?

– En mi casa siempre ha habido música, vía paterna principalmente. Desde niños oíamos las historias que nos contaba sobre sus días como músico y escuchábamos los vinilos en un tocadiscos a válvulas… así que cuando cumplimos 10/12 años y desempolvó su vieja guitarra para enseñarnos, fue un paso natural que ansiábamos. Y lo encajamos como hacen los niños, como un juego, que es como se aprende de verdad (por algo los ingleses usan la misma palabra para jugar que para tocar un instrumento –play-). La “profesionalización” de lo que siempre ha sido una pasión y una vocación vino mucho después, por múltiples causas y variables que nunca controlas del todo. Lo personal es inherente al arte y al oficio, pero es difícil definirlo y delimitarlo.

– Tu padre fue músico en su día, él os contagió a ti y a tu hermano Luis su pasión por la música, pero pregunto por cómo suele suceder cuando se está aprendiendo, ¿cuál de ustedes dos fue el que tiró del otro en esto de la música?

– Es una pregunta interesante, porque realmente los roles que se adoptan o desarrollan en una relación como es la de dos hermanos se reflejan en todo, y nunca se abandonan del todo. Aquí es importante observar la edad a la que empezamos. Luís tendría unos 13 ó 14 años y, yo, unos 10 u 11. Él estaba ya en la adolescencia y yo era un niño aún. Eso hizo que él desarrollara más las capacidades sociales (algo en lo que ya destacaba antes de la música), lo que lo convirtió en un gran frontman y en un cantante. Yo me dediqué más al juego que he comentado antes, lo cual, unido a mi timidez patológica, derivó en más estudio de la guitarra y en un cierto aislamiento o refugio. Si combinas las dos facetas obtienes que las fortalezas de uno compensan las debilidades del otro. Y exactamente eso ha sido lo que siempre ha funcionado en un grupo de rock and roll. El tiraba de mi (y sigue haciéndolo) en ciertos aspectos y yo en otros.

– Luis es integrante de la banda con la que estás rodando este trabajo, Los Infames y ha participado en la grabación del mismo, ¿cómo es esto de tener a tu hermano compartiendo esos momentos junto a ti en el estudio de grabación y en los escenarios?

– Aparte de lo que acabo de comentar, en cierto modo es un reencuentro. Después de toda la vida tocando juntos y de vivir mil aventuras, resultó que proyectos en los que cada uno participaba por separado empezaron a funcionar muy bien. Eso hizo que, aunque siempre hemos coincidido aquí y allá, no tuviéramos tiempo para montar otra banda. Esa situación se prolongó durante unos 6 ó 7 años. Mientras tanto yo iba grabando, muy poco a poco, por gusto, un disco. Acabarlo y querer llevarlo al directo propició que volviéramos a tocar juntos. Por eso digo que es, antes que nada, un reencuentro. Aparte de eso, pues es como estar en casa. Eso que llaman ahora “zona de confort”. Si alguien me dice que es bueno salir de ella, le diré que me enseñe el contrato antes de firmar.

– Los conciertos de la gira que estás haciendo con “En busca del tiempo perdido” se presentan en los carteles como Carlos Abad y Los Infames, pero, ¿es Carlos Abad uno más de la banda Los Infames o se trata de una unión temporal para este trabajo en cuestión?

– Soy uno más de la banda y, además, aún no concibo (literalmente) hacer esto si no es formando parte de una banda. Luego están los avatares de la vida que hacen que, como es el caso, todo se complique un poco. Entiendo la pregunta, pero tiene una explicación: hubo un momento en que tenía unas cuantas canciones y me di cuenta que todas ellas compartían una preocupación común: el paso del tiempo, la temporalidad. Tomar conciencia de ello me movió a grabar el disco. Pensé que valía la pena. Por entonces no formaba parte de ninguna banda con la que poder abordar un trabajo de esa naturaleza. Evidentemente, cuando empecé a grabarlo recurrí a mis amigos, de los que luego hablaremos (Guillermo Luceño, Domingo Díaz, mi hermano Luís, José Vega…) pero no dejaba de ser un proyecto “personal”. Un lujo que me estaba permitiendo sin ninguna aspiración en mente más que el propio disco. Mientras éste se grababa, sin plazos y sin disciplina horaria, montamos Los Infames, que en un principio iba a ser un grupo tributo a los Stones pero que al poco empezó a trabajar material propio. Así que coincidieron en el tiempo mi disco y Los Infames, aun siendo proyectos diferentes en fondo pero coincidente en algunas formas. Cuando terminé el disco y tomamos la decisión de editarlo, publicitarlo y todo lo demás, decidimos que lo natural, de momento, era presentarlo bajo el nombre de Carlos Abad y Los Infames como la manera más cercana de nombrar lo que fue la grabación y el proyecto. Los Infames éramos un trío pero coincidimos en incluir a mi hermano Luís para defender en directo las canciones del disco, que no habían sido grabadas con ese formato. Cuando abordemos la siguiente grabación, si llega el caso, veremos cómo lo planteamos en todos esos sentidos, pues eso no deja de ser una solución a unas circunstancias concretas.

– He tenido oportunidad de disfrutar ya de varios conciertos vuestros y veo que formáis una maquinaria perfectamente engrasada, ¿desde cuándo tocáis juntos?

– Como he comentado, mi hermano y yo desde siempre, lo que suman ya unos veinte años. Con Guillermo Luceño prácticamente igual. Éramos vecinos y, después, compañeros de clase en el colegio. Nos conocemos de toda la vida y llevamos tocando unos 18 años juntos. En el caso de Domingo Díaz “solo” diez años. Lo conocimos gracias a Guille y vimos que tenía la misma tara que nosotros, así que congeniamos a la perfección; No hemos dejado de tocar y grabar (es el propietario del Estudio 335) desde entonces.

– Bien, pues como hemos comentado, te subes al escenario en compañía de Domingo Díaz, Guillermo Luceño y Luís Abad, ¿que nos puedes contar de cada uno de ellos?

– Además de lo dicho, de Guillermo Luceño te diría que es como un alter ego, pero eso se queda corto e implicaría reducir su personalidad a la mía, lo que sería tremendamente injusto. Guille es un artista en el sentido amplio y verdadero de la palabra. Es pintor, diseñador, músico… un hombre culto y taciturno, inteligente pero humilde, perspicaz y visionario… compartimos defectos, aficiones… y, además, es el único batería que sabe tocar como Ringo Starr y Charlie Watts a la vez. De Luís he dicho casi todo ya, pero me gustaría recalcar que subirse a un escenario con él es hacerlo a un sitio familiar. No es poca cosa: por ejemplo, empiezas una actuación y algo suena mal o hay algún problema, pero él consigue, con el carisma y el humor que tiene, convertirlo en el mismo escenario de siempre y que esos problemas acaben siendo secundarios. En un momento en que yo tenía bastante incertidumbre musical, su presencia ayudó a completar el proyecto del disco. Creo, además, que es recíproco, al él también le ha venido bien embarcarse en la presentación del disco en directo. Domingo Díaz es quien pone el pragmatismo y la sensatez en el mayor de los casos. A veces parece que no está pero nunca falla. Es el otro lado de la balanza, imprescindible. Multiinstrumentista que siempre tiene algo interesante que aportar.

– Tenéis un potente directo y cierto es que las canciones del disco son temas todos ellos de directo, pero además soléis incluir alguna versión de algún tema mítico en el show y que todo el mundo suele conocer. Cuando no hay una gran compañía detrás con una poderosa promo, ¿es muy difícil poder girar con un repertorio de temas propios?

– Girar así es casi imposible. De hecho el término “girar” ya me parece excesivo. Simplemente vas intentando encadenar una actuación con otra, o con lo que sea que se te ocurra en ese momento para mantener vivo el proyecto. El problema que veo para ello no es ya tener o no una gran compañía detrás (que aportará cosas buenas y malas), es más bien que ahora, por eso mismo, no basta con ser músico. Resulta que también hay que ser comunity manager, relaciones públicas, manager, informático, productor y mil cosas más. Para mí es inabarcable. Tienes que desarrollar dos facetas que, en muchos aspectos, son antagónicas: la del artista y la del empresario. Me da una pereza horrible. Además yo tengo un problema muy concreto al respecto (sospecho que algún infame más también): me gusta demasiado la música como para dedicarle tanto tiempo a algo que no lo es. Dicho de otro modo: no tengo la capacidad o la fuerza de voluntad. Entiendo que es importante, pero lo mío es tocar, componer y cantar. Es un oficio que he aprendido y controlo, lo hago bien dentro de unos límites muy concretos. Lo otro, sencillamente, no. Cuando no hago música me dedico a otras cosas… no a vender mi producto. Eso es un trabajo que pagaría (y siempre se ha pagado) para que lo hiciera alguien (¡aquí hay trabajo!).

Por otro lado veo un aspecto positivo (o premio de consolación, como prefieras), que se suele ocultar bajo la obsesión por el éxito comercial: la libertad. Yo (nosotros) hacemos lo que nos da la gana en sentido literal. Nunca hemos hecho una canción pensando en si es más o menos comercial, más o menos típica, radiable o como se diga… Es que no sé qué es eso. Mucha gente dirá que no rinden cuentas a nadie. Bien por ellos, pero cuando hay alguien poniendo dinero en tu proyecto lo normal es que tengas que hacerlo. Coordinar esos dos aspectos (la “libertad” con el negocio) es muy difícil, y aplaudo sinceramente a los que lo hacen. Lo de incluir versiones, por último, lo hacemos precisamente por eso, por pasión, como homenaje a nuestros referentes, y no ya para que el proyecto entre mejor a la audiencia, que es un beneficio colateral.

– Como he dicho, tenéis un potente directo, ¿siempre rodáis en eléctrico o hacéis también algo más “paradito”, en acústico, más propio de salas pequeñas o que buscan un enfoque musical más tranquilo?

– Tenemos un set acústico para bares y salas pequeñas. Lo hemos rodado varias veces y es muy interesante porque no nos dedicamos a tocar lo mismo pero más lento y más bajito, que es como se entiende vulgarmente un unplugged. Los Infames hacemos versiones de nosotros mismos y, en algunos casos, son muy diferentes a las originales del disco. Pensamos que es un incentivo escuchar variaciones de las mismas canciones, además de ser muy estimulante para el grupo. De hecho, estamos ultimando la edición de varios vídeos con esas versiones en directo.

– ¿Cómo de complicado es hoy en día para un músico sin una gran compañía detrás, grabar y sacar adelante su proyecto personal de disco?

– Grabarlo y editarlo no es tan difícil gracias a las nuevas tecnologías que, aunque no vas a conseguir el mismo resultado que en un gran estudio, sí puedes hacer algo digno. Sacarlo adelante es harina de otro costal. Ahí entra lo que comentábamos antes. Hay que poner en práctica otras habilidades no musicales. Son importantes y las personas que las tienen de forma natural y las desarrollan, supongo que tienen más posibilidades de conseguir el éxito comercial. No obstante, también hay que tener cuidado con eso. La directa asociación que se hace en nuestra era entre el éxito personal y el éxito comercial o social sólo puede conducir a la neurosis o a la frustración, y de ahí a la derrota (personal y/o comercial). Para mí el éxito es componer una canción o dominar un solo complicado. Todo lo demás es tan azaroso e incontrolable que es como pensar que, rezando, dios te va a escuchar más que al que no lo hace.

Lo digital esta para ser consumido y lo físico para ser vivenciado

– ¿Qué opinas de Internet, lo ves como herramienta para un músico como tú?, ¿puede beneficiar o puede perjudicar, para donde se inclina la balanza?

– No sabría dar una respuesta clara. Todos sabemos que, a priori, puedes hacer llegar tu música a más gente. Pero a esa gente no sólo le llega tu música, le llega tanta música y tanta información que es virtualmente imposible sobresalir. Además, una herramienta es algo que uno usa para conseguir un fin determinado, y con Internet esa dinámica está invertida: es él quien nos utiliza a nosotros. ¿Por qué? Porque nosotros no hemos decidido los fines que, teóricamente, podemos lograr con dicha herramienta. Y, en dicho proceso, que no nos asegura que consigamos ningún fin, estamos pagando un precio por su uso (pérdida de intimidad, banalización de las relaciones personales…) que tampoco hemos elegido y, lo que es más grave, a veces ni somos conscientes. Por otro lado, la mente humana no tiene la capacidad de procesar tantísima información de una manera crítica, por lo que al final nos convierte en meros consumidores pasivos. Me explico: en 1995 uno debía tener un criterio, un gusto musical formado para ir a la tienda de discos y no equivocarte cuando te gastaras las 2.000 pesetas en el disco del mes (si, niños, antes la música se pagaba). Por supuesto podías equivocarte, pero estabas obligado a cribar, a militar musicalmente, por así decirlo. El gusto discrimina, separa polvo y paja. Esos márgenes de tolerancia musical se han ampliado tantísimo con Internet que hoy en día es imposible pararte a escuchar. Simplemente oyes. La actividad intelectual respecto a la música se elimina para que consumas más y más rápido. El ritual de escuchar un disco se ha perdido. Todo es demasiado rápido e inmediato. Digamos que Dios ha muerto también en la música: no hay sacralidad (no confundir con religiosidad): misterio, búsqueda y revelación. Antes de querer algo ya os han dado todo, pero (citando a 091), nada os pertenecerá. Por supuesto hay criterios: “yo escucho rock y no reggaetón”. Sí, pero ¿cuántos grupos de rock puedes encontrar? Millones. ¿Cuál es el mejor? Ya no se sabe. No hay cátedra ni academia. Todo es igual, como en el Cambalache de Discépolo. Es una avalancha continua de información que nos deja KO. Grandes músicos desesperados por tener 100 “me gusta” en Facebook… ¿no es patético? ¿Cómo de excelente hay que ser para destacar entre tanta mediocridad? Estás compitiendo con todo el planeta, la ansiedad es gigantesca. Y, si triunfas, ¿cuánto va a durar ese triunfo? ¿Cuánto tardas en ser olvidado? Fijémonos en los talent shows. Visto así, ¿quién usa a quién? ¿Quién es el sujeto y cuál el objeto? Sí, habrá gente que triunfe apoyándose en Internet, pero sospecho que, a la vez, estamos engordando a los leones. Un dato: el libro más vendido el año pasado fue el de Belén Esteban. Es un tema que da para mucho porque Internet lo ha cambiado todo (no sólo la música).

– ¿Eres hombre de nuevas tecnologías?, ¿cómo te manejas con las redes sociales?

– Creo que esa pregunta está casi respondida ya. No obstante diré que no, no tengo ninguna destreza técnica con las nuevas tecnologías ni sociales con las redes así llamadas. Uso alguna y siempre caigo en los mismos errores de principiante.

– El disco está a la venta en distintas plataformas digitales, también lo editaste en su formato físico, algo que es notablemente más caro, ¿es para ti necesaria y fundamental su edición física en CD?

– Llámame romántico, pero, si no lo tengo en mis manos, para mí no existe el disco. Existen los sonidos que llamamos canciones. Un disco es algo más que un formato físico. Cuando pongo portada a esas canciones, leo los créditos, las letras, la presentación… cuando empiezo a atar cabos y a comprender y/o vivir el misterio que es cada obra de arte… entonces es cuando siento que tengo un disco. Lo digital esta para ser consumido y lo físico para ser vivenciado. O, si lo prefieres, lo uno es para oír y lo otro para escuchar.

– ¿Qué opinas de la presencia o no presencia de la música en televisión?

– Opino que su escasa presencia y la calidad de la que sí está es un signo más del arrinconamiento de la cultura y de la devaluación que hay, desde las instituciones pero también desde la propia sociedad, de las artes. Si hablamos de las humanidades mejor que vayamos sacando la soga.

– Si de ti dependiera, ¿qué cambios harías en lo referido a lo musical en TV o qué tipo de programa llevarías a parrilla?

– Tomando la definición clásica de los medios de comunicación como responsables de formar, informa y entretener, pues pondría mucho más énfasis en las dos primeras cualidades y equilibraría un poco la que prima casi en exclusiva, que es la última. Aceptamos como un dogma que a la gente se le da lo que demanda. Es decir, aceptamos que somos imbéciles porque queremos mierda en la televisión. No estoy de acuerdo, los medios de comunicación transmiten un modelo. No son asépticos. Y ese modelo viene determinado por intereses económicos, sospecho, entre otros muchos. Vuelvo a la cuestión del consumismo. Que lo hagan los medios privados me parece legítimo, pero creo que los medios públicos deberían abundar en contenidos culturales. No sólo de música, de arte, ciencia, información de calidad (el famoso modelo BBC)… buenas series de entretenimiento… pero claro, eso pasaría por tener una clase política culta y formada, y un sistema educativo que forme a ciudadanos libres y activos, y no a individuos pasivos, acríticos pero rentables y productivos.

– Y en lo referido a la música en directo, a las posibilidades de tocar en directo, a la implicación de las salas y locales en contratar grupos, ¿cómo ves el asunto?

– Lo veo mal, y es que, antes que nada, es un negocio. Si no ganan dinero, ¿qué van a hacer? Yo entiendo que un tío que tiene que pagar sus facturas no se gaste 400 euros en un grupo cuando no va a ir a verlo nadie. Ya no hay esa cultura de bares con música en directo donde siempre había un cierto público por defecto, esperando al siguiente grupo desconocido que pasara por allí. Ahora lo que hay es perreo y reggaetón en discotecas de pueblo en polígonos industriales donde se pincha a Kiko Rivera (apetecible, ¿eh?). Otra cosa es fomentar o no desde las instituciones una cultura de la música en directo. No hablo de subvenciones, al menos no poner trabas como ocurre ahora. Si la gente no va a los conciertos, ¿de quién es la culpa? Todos tenemos una parte de responsabilidad (también Internet).

– “En busca del tiempo perdido”, en palabras de autor: ¿qué nos vamos a encontrar en este disco?

– Un tratado no-sistemático sobre la experiencia de la temporalidad. No, en serio, no lo sé. Mi intención ha sido plasmar en unas pocas canciones los pensamientos que seguían a una serie de vivencias. No todos pasamos por las mismas cosas, pero sí podemos pensar lo mismo acerca de ellas, vividas o no. Así que intento ser lo más universal posible… con mayor o menor éxito, pues no es tarea fácil. Es difícil hacerlo bien, no todos pueden escribir Blood on the tracks. pero huyo de contar mi vida en las canciones. En el lado musical… pues un sencillo disco de rock y pop. Pero cuidado, que el pop es Pet Sounds de los Beach Boys, no Manuel Carrasco. Que hay que aclararlo todo.

– En un trabajo musical donde podríamos decir que el tiempo es el tema principal en la mayoría de canciones, ¿fuiste buscando esto y fue cómo surgió?

– No lo busqué, pero se conoce que andaba dándole vueltas a los mismos temas y acabó plasmándose en las canciones. Hubo un momento en que sí lo noté, que fue cuando decidí grabar el disco y, entonces, sí que compuse algunas canciones para cubrir, a mi entender, ciertos aspectos que quedaban cojos en la visión de conjunto. Por ejemplo, no quería que el disco se interpretara como un gesto nostálgico, por eso están ahí Contra el olvido, En el camino o En busca del tiempo perdido. No son canciones de resignación sino de afirmación, de aceptación positiva de la temporalidad. No de aquello que te pasa a lo largo del tiempo, que sí puede ser valorado como bueno bueno o malo, sino del hecho de que, antes que esas valoraciones, seamos seres temporales. Es decir, que te pasen cosas, (que es bien diferente). Como la rosa, sin porqué. Florece porque florece. También hay canciones directamente anti-nostalgia, como Viejos tiempos, y algunas en las que se muestra que no es tan fácil, como Te estoy echando de menos o No volverán. En cualquier caso, que las canciones respondan a unas preocupaciones comunes no significa que sea un disco conceptual. En este caso no hay un hilo argumental. Hay más preguntas que respuestas. Más dudas que certezas. Son demasiado generales como para hablar de disco conceptual (a los cuales no soy muy aficionado).

que las canciones respondan a unas preocupaciones comunes no significa que sea un disco conceptual

– Ese aire retro musicalmente hablando, vintage como diría alguno, ¿fue algo que tenías claro desde el principio?

– En absoluto. Lo vintage es una impostación (o impostura), algo intencionado bajo un prejuicio. Yo (nosotros) es que no se (sabemos) hacerlo de otra manera. La música que escucho es esa: Beatles, Stones, Dylan, Springsteen… rock español (Rodríguez, Gabinete…), eso es la música que tengo en la cabeza. Mis guitarristas favoritos son Clapton, Knopfler, Harrison o Ariel Rot. Habrá quien me ponga la etiqueta de clasicón o, directamente, anticuado o eso mismo, vintage, pero no es así. Lo que me parece vintage, en el sentido que he apuntado, es que un hispano hablante componga sus canciones en inglés. Eso sí es rememorar un prejuicio sobre el rock. Es un cliché que parte de un prejuicio. En ese sentido se pierde inmediatez con las ideas, ya no son originales sino impostadas. Eso es lo vintage. Que el rock se convierta en eso es su consumación y su muerte. Si el rock es vintage ya no es. El rock debe tener (o recuperar) la capacidad de cambiar el mundo (no importa que no lo consiga, sino que recupere la fuerza para hacerlo).

– ¿Hay alguna o algunas canciones del disco que tenga algún significado especial para ti por algún motivo determinado? Si es así, ¿cuál y por qué?

– No, para mí son todas iguales. Técnicamente disfruto con algunos pasajes musicales que me parecen más logrados que otros, pero creo que todas aportan perspectivas igualmente valiosas al conjunto, más allá de mis circunstancias concretas que, como las de cualquiera, carecen de valor artístico.

– Para su presentación contasteis con varios amigos y colaboradores, entre ellos con una de las más importantes figuras del rock en España, el Sr. Carlos Goñi (RevólveR), ¿cómo fue posible esta colaboración?

– Gracias a Luís (Abad). Ellos son amigos desde hace muchos años y Carlos Goñi se ofreció a ayudar o colaborar de forma totalmente desinteresada. Es algo que tiene mucha importancia, más allá de interés particular. Que alguien con la agenda de Revólver se coja un ave después de (literalmente) terminar una gira para venir a Sevilla a tocar en el grupo de desconocidos de su amigo Luís, dice mucho de él como profesional y como persona. Se preparó la canción en el tren y la tocó perfectamente. No tenía por qué hacerlo, pero lo hizo por amistad. No he visto eso muchas veces entre los profesionales de la música. Y no he conocido a nadie más profesional, disciplinado y serio que Carlos Goñi. No sé, fue un lujo profesional y un placer personal. ¿Qué más se puede pedir? Cuando éramos unos adolescentes escuchábamos a Springsteen cantar The River y a Revólver cantar Eldorado. Eso era el rock para algunos de nosotros. Resulta que casi dos décadas después viene a cantar nuestras canciones por gusto. En fin, sorpresas te da la vida. También me gustaría destacar a José Vega, del grupo madrileño La Familia Corleone. Participó en algunas de las canciones del disco y también estuvo en la presentación. Fue otro tipo de lujo, porque pertenece al mismo grupo de amigos de la infancia, crecimos juntos, con Guille Luceño y otros. Aprendimos a tocar juntos y mantenemos una excelente relación personal y musical. Él se fue a Madrid y allí está labrándose su más que digna carrera musical. Atentos a su próximo disco.

– En el interior del folleto que acompaña el CD (una de las cosas buenas de la ediciones físicas) nos encontramos un precioso texto que firma María Rodríguez García y que aquí dejo un fragmento:

“En busca del tiempo perdido nos invita a situarnos en el camino, con el mundo a nuestros pies y atesorando todo aquello que nos importa. Puede que ésta sea la respuesta de la música ante la penuria de los tiempos: construir un “yo” que, como la rosa de Silesius, florece sin porqué pero que sabe quién quiere ser”.

¿Quién es María Rodríguez García?

– Pues es una escritora y profesora de Filosofía en la Universidad de Sevilla y, actualmente, de la Universidad Pablo de Olavide. Entre sus virtudes destaca la de aguantarme a diario. El texto del disco es una maravilla. Otro lujo. Te diría, sin exagerar, que todo el disco y toda esta entrevista está contenida en él.

– Ya para terminar, haremos un ejercicio de comparación de gustos musicales entre los que os subís juntos a tocar los temas de este estupendo trabajo que es “En busca del tiempo perdido”, os hago a los cuatro las siguientes preguntas:

– Un disco indispensable en el panorama musical extranjero:

– Luis: Rubber Soul (The Beatles).
– Guille: Born to run (Bruce Springsteen).
– Domingo: Born to run (Bruce Springsteen).
– Carlos: Born to run (Bruce Springsteen).

– Un disco indispensable en el panorama musical español:

– Luís: Camino Soria (Gabinete Caligari).
– Guille: Honestidad Brutal (Andrés Calamaro).
– Domingo: Buena Suerte (Los Rodríguez).
– Carlos: Buena Suerte (Los Rodríguez) para el rock español; Mediterráneo (Joan Manuel Serrat) para todo lo demás.

– Un cantante o grupo español que sigas ahora especialmente:

– Luís: Carlos Goñi (Revolver) es una constante en mi vida desde que lo descubrí y bueno, he escuchado bastante su último disco. También el último de Lapido y he descubierto al señor Luis Prado (señor Mostaza) y me han gustado algunas cosas que he escuchado. También soy muy fan de Gabinete.
– Guille: Quique González, Lapido, Nacho Vegas, Xoel López, Coque Malla, Lichis, Los Zigarros, Ángel Stanich…
– Domingo: Quique González.
– Carlos: José Ignacio Lapido.

– Un cantante o grupo extranjero que sigas ahora especialmente:

– Luís: Esta pregunta, igual que las anteriores, podría tener una respuesta distinta cada semana. En esta en concreto ha sonado en mi coche el “Magic” (2007) de Springsteen.
– Guille: Wilco.
– Domingo: Chuck Prophet.
– Carlos: Willie Nile.

– ¿Qué disco de los que suenan como novedad actualmente has oído y te ha gustado especialmente?:

– Luís: Alone in the universe (Jeff Lynne).
– Guille: The Ties That Bind (Bruce Springsteen).
– Domingo: NS/NC
– Carlos: Paris (Zaz).

Entrevista realizada por Sebastián Fernández (@Chanoft)

Deja un comentario