“Me mata si me necesitas”, la obra maestra de Quique González

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“Me mata si me necesitas”, la obra maestra de Quique González

Quique González acaba de publicar su décimo trabajo, un disco titulado “Me mata si me necesitas” donde roza la excelencia, volviendo a unir folk y rock de corte clásico con afiladas y sugerentes letras.

Había grandes expectativas en este nuevo trabajo, y la espera ha merecido la pena. Bajo la denominación de Quique González y Los Detectives, el músico madrileño ha firmado su obra maestra. Compuesto intencionadamente por diez canciones, es el más corto y también el álbum más personal (si es que es posible serlo aún más) de su discografía.

Con este disco, Quique cierra la etapa Nashville de sus dos anteriores trabajos y decide grabar en España bajo la producción de Ricky Falkner un disco redondo, lleno de canciones que enganchan desde el primer momento y que te van atrapando cada vez más con cada escucha. El álbum encierra diez maravillas llenas de expresión. Canciones como versos directos al pecho y a la cabeza, que arañan a veces y otras ayudan a limar cicatrices con cierta distancia.

Siempre mirando a un norte llamado Ron Sexsmith, Quique González deslumbra nuevamente en una de sus especialidades, las melodías. Además de canciones, pianos arrebatadores, rebeldía rock y emociones encapsuladas, tras la impresión de suave y dócil artista que vislumbra, hay mucha verdad encerrada. Claro ejemplo, “Se estrechan en el corazón“, oda que según el propio Quique fue la que encendió la chispa del disco, y que se concebió en Verdicio (Asturias), después de uno de los conciertos de la última gira. 

Hay que destacar el gran trabajo de Los Detectives, la banda que acompaña a Quique González formada por Edu Ortega (violín, guitarra), Pepo López (guitarra), Alejandro Climent (bajo), Edu Olmedo (batería) y el productor Ricky Falkner a los teclados, que están inmensos a lo largo de todo el disco. Todos ellos van en consonancia, logran hablar de la tristeza, hacernos sentir comprendidos, y provocar una alegría contenida que quiere salir de lo más profundo de nuestros cuerpos. Mención especial para César Pop, artista que firma, junto con Quique, la mayoría de la composición musical de todo el disco. Una figura que se sigue consolidando en silencio a la sombra de bandas como la que acompaña a Leiva.

El fallecimiento de su padre, ocurrido mientras escribía esta colección de canciones, planea sobre todo el trabajo y, sin embargo, pocas veces el compositor ha facturado un disco tan luminoso. Se diría que, abocado a descender a los rincones emocionales más oscuros, decidió pertrecharse de luz. Ya no hay esa nocturnidad y cierta tristeza que cubría “Daiquiri Blues” y ya en menor medida “Delantera mítica”. Aquí se vislumbra claridad y optimismo, incluso se siente a un Quique González más rejuvenecido en ciertos temas como en “Sangre en el marcador”, canción que bien podría estar incluida en sus primero trabajos sin desentonar.

Aunque de entre todas las canciones destaca claramente por encima de todas “Detectives“, una auténtica joya que posiblemente sea lo mejor que haya ejecutado el artista madrileño hasta la fecha. La producción del disco en España, dejando de lado el Nashville de sus anteriores álbumes, no olvida ese sonido propio de una guitarra curtida que se ha paseado por todos los bares de todas las ciudades americanas.

No podían faltar los temas lentos marca de la casa, de esos que se te clavan en el corazón nada más escuchar su melodía y letra, representados en este disco en “Cerdeña” y “Ahora piensas rápìdo”. Ese amor verdadero que a veces creemos encontrar y que, por un momento, nos hace pensar que puede ocurrir algo grande. Si antes abordó el concepto de la amistad, ahora lo hace con el del amor de pareja, inspirándose en una relación importante que también llena de luz algunos fragmentos del álbum.

El punto pop y desenfadado se encuentra en “Charo”, tema protagonizado por la increíble voz de Caroline de Juan, “Nina“, vocalista de la banda Morgan, con una voz tan personal que evoca a los duetos de Steve Earle y Lucinda Williams. Aquí sale a relucir el Quique González más cinéfilo, ese que juega a ser un héroe en las canciones y sueña con salvar y ser salvado por la chica.  No es esa la única referencia musical que escuchamos en las letras de este trabajo. “Relámpago“, una canción fulgurante como su título, habla del cd “El último vals” de The Band, uno de los centenares de músicos que pueblan el universo personal de Quique González. Un mundo propio en el que el músico ha aprendido a volar con sus propias alas, libre de ataduras, y donde le matan si le necesitan.

El álbum cierra con “La casa de mis padres”, una bomba emocional de las que ponen un nudo en la garganta y erizan la piel al escucharla, con una coda final eléctrica y la gran labor de Edu Ortega al violín. La canción está tan impregnada de realidad que nació bajo la luna de la pasada semana santa, mientras el rockero limpiaba el tejado de su casa cántabra y rumiaba el sentimiento de culpa por no encontrarse en otro lugar, donde se requería su presencia. “Necesito luz en la última curva para vivir como me dé la gana“. Así termina esta letra sobrecogedora que le brotó del pecho a borbotones, como brota la sangre de la herida. En este caso, una herida limpia provocada por el cuchillo de la certeza.

Este trabajo es definitivamente la constatación del dulce momento profesional que vive Quique González. Fruto de la insistencia, de la ambición en superarse y de aferrarse a la música sabiendo que va la vida en ello. Porque, al margen de la riqueza estilística que despliega el autor a la hora de escribir, manejando metáforas con naturalidad, estas canciones están engrandecidas y bendecidas por la música.

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