11 Mundos, el proyecto personal de Andrés Litwin

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11 Mundos, el proyecto personal de Andrés Litwin

11 Mundos es el proyecto personal de Andrés Litwin, el resultado de una larga búsqueda donde se fusionan las influencias del rock, del pop, de la canción de autor y del jazz. Un programa abordado con la complicidad de jóvenes músicos comprometidos, desde la calidad y la frescura, con la idea de hacer música sin otro límite que no sea el de la vocación.

Aunando diferentes géneros, Litwin ha protagonizado la composición lírica y musical de una colección de temas que corresponden a su memoria musical y afectiva por unos u otros motivos. Junto a él, se embarcan en el viaje Guido Corradini (guitarra, piano), Raúl Marques (trompeta, guitarra), Marino Sáiz (violín, piano) Héctor Rojo (bajo, contrabajo).

Hijo de padres músicos, Andrés comenzó a tocar la batería a los dos años. El camino de la música lo condujo a Holanda, donde realizó sus estudios superiores en el Conservatorio de Amsterdam. Luego se trasladó a Madrid, y desde entonces, ha colaborado con artistas como Román Filiú, Mariano Díaz, Federico Lechner, Pepe Torres, Javier Colina, Frank Lacy, Antonio Serrano, Kike Perdomo o Javier Masso Caramelo, entre muchos otros. En el mundo del pop & rock, ha tocado y/o grabado con Ariel Rot, Ana Belén, Víctor Manuel, Depedro, Andrés Suárez Ara Malikian.

Muchos de los músicos del jazz vernáculo fueron seducidos por la música de estrofas y estribillos. En “11 Mundos” la gama de registros se amplia hasta desembocar en una música sin complejos, que lleva su marca propia.  El baterista argentino consigue cautivar en todas sus facetas, no sólo porque haya trabajado asiduamente acompañando y orquestando música de emblemáticas voces, sino por su querencia a fusionar mundos que en su recorrido emocional y musical han transitado vías paralelas, en momentos, y felices encuentros en otros.

Litwin da continuidad así, a la oportunidad de juntar sus grandes pasiones musicales: el jazz y la canción de autor. Tanta osadía es absolutamente inusual en este siglo XXI en el que todo se reduce, simplifica, comprime y etiqueta. En el que casi nadie dice tener tiempo para escuchar música, ni para sumergirse sin prisas en cualquier tarea que requiera un mínimo de concentración. Toca aplaudir y celebrar que quede gente capaz de innovar. Y no hablamos sólo del atrevimiento del músico en cuestión, también hay que aplaudir unas cuantas características peculiares que otorgan personalidad y un inevitable halo de modernidad, quizá necesario, a este proyecto musical.

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