Christina Rosenvinge, de icono del rock a musa indie

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Christina Rosenvinge, de icono del rock a musa indie

Christina Rosenvinge es el sueño vivo del rock. Con una carrera que comienza en los años ochenta en España y que en los noventa alcanza su máximo apogeo, la artista destaca por haber delineado una trayectoria rebelde y coherente, llena de altos y bajos en lo comercial, pero enfocada siempre en la calidad lírica y en una vanguardia permanente.

Poco queda ya de aquella princesa del pop, oscura, rockera y reivindicativa, que hace una década buscaba una pistola como solución a los problemas. Esta danesa, criada en Madrid, se ha despegado de su imagen de niña rebelde para dar forma a una artista más madura. De experimento en experimento, Christina se ha dejado llevar por los caminos del pop comercial hasta desembocar en una artista solitaria e independiente, que ha aparcado todo lo anterior para regalar álbumes mucho más arriesgados.

La que en su día fuera una adolescente rebelde se ha convertido hoy en una musa de la escena alternativa. Asentada, sabe lo que hace y conserva ese contradictorio halo de fragilidad y robustez que le ha otorgado un inclasificable y privilegiado estatus en el panorama musical nacional. Dejando a un lado el rock arisco y centrándose en la intimidad y el desnudo emocional, la artista sigue interpretando con esa forma de cantar que viene definiendo su estilo en los últimos años: casi hablada, casi susurrada, pero abierta a la posibilidad de dar paso al estridentismo de gritos elevados, casi dolorosos.

Christina ha ido moldeando poco a poco un estilo personal que, a pesar de caminar en paralelo con el recién nacido indie tardó mucho en mezclarse con él. Es ahora, a sus 52 años, cuando por fin ha conseguido reinventarse y huir de ese estereotipo de chica que vendía en los 90: rubia y sugestiva, mala pero sensual, rockera pero sensible. La nueva Rosenvinge condensa todas las Christinas de una forma aparentemente meditada. Suena calmada en ocasiones, tempestuosa en otras. Reposada, pero salvaje. Es el comienzo de la consolidación de su sonido más evocador, íntimo y personal. Aparentando tranquilidad, ilustrando madurez, sin salirse del guión en ningún momento.

La mejor versión de la compositora coincide también con en el momento en el que empieza progresivamente a ganarse el respeto de la crítica. En su nuevo papel de cantautora indie a la americana, la madrileña opta al “Premio Goya” 2016 dentro de la categoría de mejor canción original. Lo hará por “Caer”, un tema compuesto junto a Mikel Salas para la banda sonora de la película “Rumbos“, una inmersión en la vida de varias personas cuyos sueños truncados, frustraciones, anhelos y deseos, van desmenuzándose ante la visión del espectador. Christina Rosenvinge ha vuelto a la carga. Enérgica, eléctrica, vitalista. Pura reinvención.

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