Celia Ruiz, la voz elegante del jazz-pop contemporáneo

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Celia Ruiz, la voz elegante del jazz-pop contemporáneo

A su corta edad, Celia Ruiz viene demostrando un talento casi sobrenatural. La cantante, pianista y compositora acaba de lanzar al mercado su primer disco, titulado “Don’t Let Me Fall”. Un proyecto íntimo, cargado de melodías cautivadoras a tono con una voz tenue y edulcorada, dotada con una flexibilidad que le permite dominar múltiples matices. Sus 10 temas, 8 en inglés y 2 en español, se desgranan uno a uno sin perder el hilo principal, pero con identidad propia. Canciones minimalistas como “Control” o “Decimal”, producciones elaboradas como “Remember me”, y hasta up-tempos como “Keep Going” o “Without Horizons” que sumergen al oyente en una atmósfera única y personal.

La gaditana nos inunda los oídos con la carta de presentación, “Control“, bajo un sonido envolvente, romántico y una letra de esas que se quedan grabadas en una esquina de tu corazón. El tema, evocador, se vuelve irresistible para los que adoran el sonido del piano acompañado de una voz melancólica. Se trata de un corte autobiográfico, sin complejos. Una canción que habla sobre la soledad, de cómo nos puede llegar a controlar, y que sin embargo, una vez que la eliges tú a ella puede llegar a ser maravillosa. Esta combinación de palabras parecen juntar la tristeza de una realidad tan cruda como cierta. Pero es probable que muchas personas, por desgracia, se sientan identificadas con la canción.

Celia Ruiz es a partes iguales un alma joven y vieja. En conjunto da la impresión de languidez y fragilidad. Pero todo es aparente. Sigue siendo la chica tímida que se subía por primera vez a un escenario, aunque más firme y segura de sí misma. Su voz goza ahora de elegancia y virtuosismo. Enfatiza cierta aura conmovedora y lo hace deliberadamente, para tocar directamente al corazón en cada una de sus canciones. Uno de sus momentos más especiales y que recuerda con más ahínco, fue la interpretación de “I Wish” en la gala homenaje a Stevie Wonder en la que tuvo la suerte de participar.

Si nos centramos en la producción de “Don’t Let Me Fall”, resulta imposible destacar solo una de las canciones. Todas forman un bloque compacto que Celia interpreta con sentimiento, poniendo el alma en las palabras y logrando que su voz sea un instrumento musical más de los que acompañan los arreglos. La de Puerto Real desborda dulzura, a través de los poros de su piel, y el álbum se contagia de esa magia que trasmite, tanto con su música como con su voz. Esa voz de corte clásico, de las que envuelven en un ambiente íntimo, de jazz de raíces, auténtica, casi académica. Y elegante.

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