“La herida invisible”, Alejandro Pelayo más allá de Marlango

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“La herida invisible”, Alejandro Pelayo más allá de Marlango

Hace diez años, un pianista de conservatorio y una actriz convertida en cantante fundaron una banda bajo el influjo de Tom Waits. Se hacían llamar Marlango. Nacieron como un bálsamo para curar melancolías por la vía de la música, con el trompetista Óscar Ybarra como tercera pieza del puzzle y con un objetivo claro en el horizonte: llevar a la música el impresionismo de David Lynch.

Mientras Marlango sigue su curso, el compositor, pianista y productor del dúo, Alejandro Pelayo ultima su primer trabajo en solitario. “La herida invisible“, como se llama el álbum, es una colección de piezas para piano que hablan de esos dolores ocultos que todos llevamos escondidos. Se trata de música para escuchar sin prisas, para acompañar momentos de soledad o de juego. Piano desnudo e intenso. Pero sobre todo, música llena de esperanza, de las que ayuda a dejar atrás la tristeza.

Ya mucho antes el compositor soñaba con grabar un disco, en vinilo, en el que no se escuchara más que el piano. Pero Universal, a pesar de haber difundido cuatro de los seis álbumes de Marlango, no vio claro publicar un trabajo instrumental. Así que el teclista, buscó un nuevo hogar para este proyecto, que ha acabado encontrando casualidades del destino, en el primer sello discográfico de Marlango, Subterfuge Records, quien va a distribuir una pequeña tirada en vinilo de “La herida invisible“.

El mayor desafío del proyecto ha sido la búsqueda del piano de cola adecuado. Alejandro buscaba uno especial, que tuviera mucha personalidad y que fuera colocado en una sala con la acústica adecuada, ya que la partitura está llena de silencios y de pequeños matices que no se podían perder. Y es que, solo al piano, el músico se reconcilia con aquel estudiante que se formó como intérprete y matemático de la música en el conservatorio de Santander y, más adelante, en la Juilliard de Nueva York, por la que han pasado el compositor John Williams, el trompetista Miles David o la soprano Sarah Brightman.

El músico cántabro posee un universo propio que transmite con sus notas y parece colorear desde el fondo de su propia alma. Con ese fantástico instrumento, consigue transmitir belleza y paz. En la “La herida invisible” alberga la melancolía del piano desnudo, sin apenas artificios, con composiciones atemporales, pacíficas y emocionantes que impulsan todo tipo de sentimientos: tristeza, nostalgia, alegría, dulzura. Un trabajo que posee la devastadora belleza de una tristeza melancólica, sublime y etérea.

Canción de cuna o amor inocente” es el primer tema que nos ofrece de adelanto. Con la canción, se reactiva además la colección “Música para un Guateque Sideral”, creada por el sello discográfico independiente para dar cabida a propuestas de lounge music, jazz, instrumentales o bandas sonoras, que durante casi 20 años ha publicado los lanzamientos de Mastretta, Penélope y Carlo, Belmonde, Alfonso Santisteban, Jess Franco, Alcohol Jazz, Racalmuto o Damills, entre otros.

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