Bunbury supera las “expectativas” con su nuevo trabajo en solitario

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Bunbury supera las “expectativas” con su nuevo trabajo en solitario

Se cumplen 20 años de la publicación de “Radical sonora“, el disco con el que Enrique Bunbury arrancó su carrera en solitario. Dos décadas de vida, rodeado de éxito y una carrera llena de aprendizaje musical con la que sigue ganando seguidores en todo el mundo. Y es que, ya fuera con Héroes del Silencio o en la actualidad, Bunbury ha cimentado una trayectoria sólida y muy personal que le ha llevado a ser reconocido como uno de los artistas fundamentales de la música en castellano de los últimos 30 años, gracias en parte, a sus sonidos innovadores y a la mística de sus letras.

Ahora presenta su nuevo álbum de estudio: “Expectativas“. Un trabajo oscuro y ambicioso con el que pone de manifiesto que sigue dominando la faceta de poeta urbano como nadie. A la par, canción a canción, se va viendo el complejo perfil del músico zaragozano. Porque el artista posee una inmensa capacidad de trabajo. Es un buscador de estilos diferentes que siempre está abierto a la experimentación y cada disco suyo es la aventura de un viajero y de un explorador de los sonidos al que le gusta la playa en invierno, cocinar arroces e indagar en un sinfín de músicas: la música árabe o balcánica, la música italiana y francesa, el eco de Aerosmith o Gun and Roses.

“Expectativas” es su disco más carnívoro, feroz y diagnosticador. Es la banda sonora de una distopía que ha mutado en realidad, que se conjuga en presente de indicativo y que, a primera vista, carece de fecha de caducidad. Publica el propio Bunbury que no fue concebido como un disco conceptual. Porque, según él, las “expectativas” a las que se refiere el título son exclusivamente musicales. En las 11 canciones que conforman el álbum, el compositor nos ubica en un ecosistema tan atroz como el que aparece en “Un mundo feliz de Huxley“, en 1984 de George Orwell, o, desde un punto de vista musical, en el “Diamond Dogs” de David Bowie, sólo que, en lugar de recurrir a la fabulación, canta basándose en lo que ve, en lo que lee, en lo que vive.

Este, su noveno álbum de estudio, es el heredero lógico de “Palosanto” (2013), el cual era una panorámica poliédrica de un momento de cambio social efervescente, apasionante y, según en qué casos, esperanzador. Por el contrario, “Expectativas” no es un trabajo especialmente positivo y en él, no hay mucho margen para la esperanza (aunque haberla, la hay) porque en la parte del final del álbum pone el acento en lo que nos salva de este mundo caótico: el arte y el amor. “La ceremonia de la confusión“, de hecho, funciona a la perfección como enlace sonoro entre ambos álbumes. La canción es un punto de partida perfecto, una descripción precisa del lugar en donde nos vamos a mover y una exhibición del discurso musical que vertebra la obra.

“Expectativas” es un disco ambicioso en su conjunto, vibrante, implacable. Es una pintura negra goyesca en la que, levemente, asoma la salvación. El trabajo, producido por el propio Bunbury y grabado con Los Santos Inocentes (más el exquisito saxofón de Santiago del Campo) suena contundente, elegante, tenebroso. Puede que sea el disco más abrumador del zaragozano, el que menos escapatorias ofrece y el que más se parezca a un clamor. El álbum se divide en dos partes: en la primera, compuesta por las seis primeras canciones, encontramos a un Bunbury que zarandea, que señala al grupo que nos incluye, que dispara a discreción contra la mediocridad, contra la idiotez, contra el cainismo y contra el crimen. En la segunda, con las cinco piezas restantes, el yo se erige protagonista y destila autoridad, personalidad, rebeldía.

El disco tiene un componente social importante. Al compositor no le interesa mirar atrás, ni apelar a las raíces, tampoco a la política. Eso se traduce en sus letras. “Cuna de Caín“, habla de guerra civil entre hermanos. Su melodía conjuga belleza, dolor y estremecimiento y aunque pudiera resultar una reflexión sobre los últimos acontecimientos políticos españoles, alude en realidad a una relación dolorosa entre dos personas que deben alejarse para poder crecer y reconocerse en sí mismos. Envuelta en una melodía urgente y que invita al rugido, “La actitud correcta” por contra, es un cañonazo satírico contra el presunto buen ciudadano, contra el tipo de perfil, bajo, gris, uniformado. Bunbury aprovecha y arrastra esta crítica también a la música. Así, en Bandeja de plata“, musicalmente, es un leopardo al acecho: avanza con sigilo, aumenta su energía a medida que avanza la estrofa y salta a la yugular en el estribillo. Sin rodeos.

Sin ser en absoluto inofensiva, “Parecemos tontos” relaja el torbellino musical. Suena íntima, nocturna, como cantada desde la orilla de un río contaminado. Pese a que los malos manejan “marionetas de agua a la deriva”, asoma la esperanza. Esta primera parte del álbum concluye con “Lugares comunes, frases hechas“, pegadiza, hasta bailable, con un barniz musical que recuerda al “Reflektor” de Arcade Fire, y sin rastro de piedad frente al pensamiento único. Bunbury trata de prevenir en este corte, con un punto más irónico y lúdico, frente a la información que nos llega en un mundo de titulares raudos y frases gruesas que alimentan las redes sociales.

Por la misma senda sonora transita “Al filo de un cuchillo“, aunque, aquí el discurso cambia, pasando del “Yo (os) acuso” al “Yo estoy”, al “Yo hago”. Sin saber callar, sólo obedeciendo. Sin embargo, éste se rebela en “Bartleby (Mis dominios)“, inspirada en un relato de Herman Melville donde aboga por la insumisión social para alejarse de las exigencias de la sociedad. Bunbury justifica que ya ha cumplido su deber y reivindica el derecho a desconectar de un entorno putrefacto, dando un puñetazo en la mesa. “Mi libertad” suena algo más tranquila, aunque mantiene la tensión del disco y esa sensación de que, en cualquier momento, la canción te puede agarrar del cuello.

En “La Constante“, con una melodía envolvente e hipnótica, Bunbury encuentra en el amor verdadero un oasis, un salvavidas. La canción aporta luz, consuelo y curación: en mitad de tanta basura, de tanta gentuza, de tanta devastación, hay un refugio, un brote de felicidad, una esperanza para seguir adelante. Agradecido, el artista confiesa a viva voz un sentimiento verdadero, voluntario, en carne viva. “Expectativas” concluye con “Supongo“, un retorno sonoro y conceptual a las tinieblas, a las arenas movedizas, al estar con el agua al cuello. También es un canto contra el fanatismo y las verdades absolutas. Y su final se torna solemne, trascendente.

El álbum viene acompañado de la gira “Ex-Tour 17-18“, de la cual ya se han anunciado las primeras fechas. Arrancará el 2 de diciembre en el Palacio de los Deportes de Santander y continuará el 6 de diciembre en la sala Razzmatazz de Barcelona, el 8 de diciembre en el WiZink Center de Madrid, el 10 de diciembre en el Palacio de Congresos y Exposiciones (FIBES) de Sevilla, el 14 de diciembre en el Palacio de Congresos de Valencia y el 16 de diciembre en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza.

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