La riqueza sonora del folk optimista de Vuelacruz

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La riqueza sonora del folk optimista de Vuelacruz

De las cenizas de la conocida banda jienense Autómatas nace Vuelacruz. El proyecto brilla con luz propia dentro del folk-pop actual. Porque tiene un aire de ensoñación paradisíaca, de esa espiritualidad íntima que por un lado suena a pop y por otro lado, abraza la belleza y tradición del folk más puro, gracias a elementos como el banjo, el dulcimer, los vibráfonos o el omnichord, que muy bien canalizados, le dan una vuelta de tuerca al concepto hasta convertirlo en un todo descomunal y rotundo.

Se presentaron con un avance instrumental titulado “Cometas“, pero fue su primer single “Lo que nos conviene” el que consiguió llamar la atención de los medios. El resultado fue una canción arrolladora, llena de energía, luz y sonidos acústicos. Aunque el tema no ha sido incluido finalmente dentro de su álbum debut, Vuelacruz si que dejaba ya claras todas sus premisas, anticipando estructuras y ritmos constantemente cambiantes que rompían los cercos de su creatividad, creando en el oyente una expectación por lo insospechado de cara a la publicación de su primer LP, de título homónimo.

Este álbum fue grabado en noviembre del 2017, en el estudio de uno de los mejores productores musicales nacionales, Paco Loco, quién aportó su particular sonido a los temas de la banda. De alto voltaje, tanto en la forma como en el fondo, “Vuelacruz” es un exquisito muestrario de folk de cámara, con un espíritu colorista, épico e incluso bailable. El primer single, “Si encuentro algo que decir” sirve de excelente carta de presentación a un conjunto de 11 canciones que irradian positividad y optimismo en cada uno de los acordes, con melodías luminosas, aunque el contenido sea profundo.

Pero el disco va más allá de sus pretensiones iniciales. El efecto final es de una gran profundidad. En realidad, es una exploración de nuevos espacios musicales y emocionales, siempre desde una filosofía vital y artística. Así, cortes como “Mantuvimos Cielos“, tema que abre el disco o “El Temblor“, dejan un regusto extraordinario en el paladar. En ellos, la instrumentación resulta tan poderosa como efectiva, con esa complejidad que tienen las grandes canciones. Después de este prometedor inicio solo hay cabida para la inspiración, y con ella nos sumergimos en la melodía de “Me he de perder“, que junto a “Enséñame los Tiempos Muertos” conforman una mágica alianza musical.

Tras esta apacible travesía llega “Batir de alas“, una dulce balada que nos mece suavemente, pero que sigue transmitiendo la fuerza necesaria a través de las notas fronterizas de una trompeta. Superada la mitad del álbum nos encontramos más aire folk, el de “La Capacidad” y “No Habrá Perdón“, una dupla enérgica que acaricia los oídos y nos envuelven en una colorida y alegre combinación sonora. “Cada Renglón” nos muestra otro paisaje repleto de matices instrumentales. El tramo final del álbum nos traslada al interior de un torbellino, con “Si Me Sigues” y su contagiosa base rítmica llena de optimismo y frescura, y las guitarras acústicas de “Arder“, que convierten la despedida en una auténtica fiesta emocional.

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