Las señales de agotamiento que acusa el indie

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Las señales de agotamiento que acusa el indie

En apenas un mes, tres de las bandas más importantes de la escena independiente han anunciado su separación. Primero fueron los sevillanos de Full, quienes tras diez años de carrera decidían hacer un parón en su camino. Tras ellos llegaba el anuncio de separación de Second, la banda liderada por Sean Frutos. Y los últimos en sumarse a esta lista negra han sido Grises. A ellos habría que sumar a Izal, que si bien comunicaron hace tiempo la decisión de retirarse este 2022, dieron el pasado mes de octubre su último concierto.

La noticia deja bastante tocado a un género musical que no atraviesa por su mejor momento. La cancelación de importantes festivales de verano y la presencia cada vez más numerosa de bandas urbanas en los carteles ha abierto una herida en el corazón del indie. El cambio de ciclo coincide además, con una crisis económica que hace difícil mantener los cachés de hace unos años. Y por qué no decirlo, también afecta a un público al que le cuesta mantener el ritmo de asistencia a los conciertos. Y ese ha sido siempre su mayor valedor.

Decía Nacho Vegas en una reciente entrevista que el indie hace tiempo que se “prostituyó” para dar paso al postureo. Y lo cierto es que no le falta razón al asturiano. La esencia reivindicativa de los primeros grupos se ha ido perdiendo poco a poco. El indie nació como una respuesta al control que tenían las grandes discográficas sobre el mercado. Pero hoy en día, muchos sellos han aprovechado el tirón del género para llevarse grupos indies a sus filas. Y ya se sabe, mainstream e indie son dos palabras que no deberían ir unidas.

Sin embargo no todo son malas noticias en el sector. Bandas como Love of Lesbian están viviendo su mejor momento al otro lado del charco. No hay más que ver su reciente sold out en el Auditorio Nacional de Ciudad de México. También si miramos las listas de ventas encontramos algunos brotes verdes. Ahora mismo en el TOP 100 de los álbumes más vendidos encontramos los últimos trabajos de Izal, Rigoberta Bandini, Arde Bogotá, Amaia o Viva Suecia, este último además, en un meritorio décimo escalón.

La conclusión por tanto es evidente: pese a las señales de agotamiento el indie no está muerto ni mucho menos. Eso sí, le va a tocar reinventarse para sobrevivir. Izal, Full, Second y Grises han sido cabezas de cartel en los festivales más importantes de los últimos años y el vacío que dejan es grande. Su hueco lo van a tener que llenar nuevas bandas emergentes. Talento hay a raudales. Pero van a tener que aprender a convivir con otros géneros, en un terreno, el de los festivales, que hace poco estaba reservado únicamente para ellos.

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