Cristina Narea, «Luis Eduardo Aute era un ser único»

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Cristina Narea, «Luis Eduardo Aute era un ser único»

Cristina Narea compartió escenario con Luis Eduardo Aute por más de 20 años como parte de su banda. Por ello, versiona con toda la autoridad del mundo algunas de las canciones que tantas veces tocaron juntos. El próximo 29 de enero, en la sala Clamores de Madrid, podremos escuchar parte de ese legado. De este concierto, de su último disco, inspirado en la cultura del País Vasco, y de sus comienzos en el mundo de la música hablamos en esta pequeña entrevista.

Este año se cumple el 40 aniversario de tu primer disco, “Mensajero del Amor”, ¿Cómo se consigue aguantar tanto tiempo en una industria tan complicada como la musical?

– Impresionante documento. Lo que acabas de mencionar no había caído en la cuenta y tienes toda la razón. Se cumplen 40 años. Mira, yo creo que tiene que ver con una manera de sentir, de vivir la música y la creación. Yo nací en una familia de gente creativa, de artistas. Y ese respeto hacia la labor diaria, hacia la perseverancia, la constancia, lo he mamado desde chiquita con mis hermanas y hermanos. Quizás eso me ha ayudado a aguantar la vela, porque no siempre, como te habrá dicho mucha gente que se dedica a la música es fácil. Hay épocas mejores, hay épocas peores, pero el amor y la pasión te hacen aguantar, sobreponerte a las dificultades y disfrutar mucho los buenos momentos. Eso es lo que me ha permitido mantenerme tantos años.

“Mensajero del Amor” fue el único disco que publicaste en Chile, en una época convulsa marcada por la dictadura de Pinochet. ¿Es el arte y la cultura la mejor herramienta para sensibilizar y movilizar a las masas?

– Eso es tan personal, creo que cada uno tiene que tomar su decisión. Yo sí considero que el arte tiene esa capacidad de emocionar, de conmover y ya sólo por eso el hecho de que uno se conmueva y se emocione por algo, te hace elevar de alguna manera un poco el nivel de conciencia. Cuando tenemos nuestro pensamiento presente y más consciente, sentimos mejor, somos más empáticos con lo que nos rodea. Eso es en este sentido el arte y la cultura. Y aparte de ser fundamentales como el pan de cada día, son de alguna manera movilizadores para las emociones de las personas. Luego cada uno que haga con esa emoción lo que considere conveniente.

Durante la dictadura se quemaron muchos discos y libros, y algunos cantantes fuisteis reprimidos y marginados. ¿La adversidad y las injusticias te han hecho más fuerte?

– Yo creo que no, me han hecho más sensible y vulnerable. No quiero decir que no haya que ser valiente, ni mucho menos. Simplemente cuando uno encuentra que cometen una injusticia a tu lado, hacia alguien que tú quieres o respetas, o hacia una persona que está pasando por la calle, la reacción instantánea es proteger (o debería ser). La mayoría somos así y eso es lo que yo hice en esos momentos tan duros de dictadura. A día de hoy también estamos con guerras, sigue habiendo injusticias y al fin y al cabo, a lo que he llegado, es un poco al modo zen de vida, al modo japonés, la pequeña gota, trabajar desde tu entorno más próximo de la forma más solidaria, más empática, más amorosa y más humana posible. Y respecto a la fortaleza, yo no me siento más fuerte, al revés, me siento más vulnerable. Es complicado este planeta y hay que ser muy dura para sentirte fuerte. Lo que pasa es que a veces no queda más remedio que tirar hacia adelante.

La respuesta a la represión que vivía tu país fue un movimiento artístico denominado “Canto Nuevo” articulado en torno a una generación de jóvenes cantautores. ¿Echas de menos esa preocupación por lo social y ese carácter reivindicativo en los jóvenes de hoy?

– Cada época tiene su momento, su movimiento, su sonido, su olor, su propuesta plástica y considero que los que tienen hoy la edad que yo tuve en ese momento también se están expresando desde su mirada poética, rebelde y revolucionaria. No hemos sido ni mejores ni más rebeldes. Todas las épocas han tenido su momento y lo tienen. Son distintas realidades, distintos ahoras y ningún pasado fue mejor ni peor, cada momento es como es. La vida la construimos las personas y se hace lo que se puede, como te decía antes. Respeto mucho la fuerza de la gente.

Muchas de las letras que compusisteis entonces siguen siendo igual de válidas cuatro décadas después. ¿Por qué hemos avanzado tan poco como sociedad para que el trasfondo del mensaje siga vigente?

– Es una muy buena pregunta. Me cuentan en Chile que las poblaciones, que son los grupos de chabolas que se dice aquí en España, populares en las fiestas universitarias, en las actividades políticas… allí siguen cantando mis canciones de esa época que eran más reivindicativas que las que hago ahora o más explícitas. Fíjate, ¿y por qué? Pues porque siguen ocurriendo las cosas que ocurrían hace 40 años. Las cosas que ocurrieron en la Segunda Guerra Mundial y en la Primera y hace milenios. Parece que el ser humano no quiere aprender o es muy egoísta. No lo sé, pero es una pena. Así es.

– Al instalarte en España comenzaste a destacar como compositora, poniendo tu talento al servicio de artistas como Nacha Pop, Antonio Vega, Joaquín Sabina o Miguel Ríos. ¿Qué recuerdos guardas de aquellos primeros pasos en el mundo de la música?

– Tuve la fortuna de llegar a Madrid y contactar con un bar que se inauguraba, «El Ratón Vaquero». Era de los Toreros Muertos y del productor de Rosario, Fernando Illán. En ese bar trabajaba ni más ni menos que Javier Bardem y allí se reunía muchísima gente de la música. A través de eso y gracias a que ya había hecho mis pinitos haciendo coros, me empezaron a llamar para más grabaciones. La verdad que he tenido mucha suerte, porque he grabado muchísimos discos, he compuesto… pero sobre todo, he hecho mucho directo en giras con distintos artistas. ¿Qué recuerdo? Todo, porque compartir escenario, grabación o estudio, con gente que logra esa magia maravillosa de poder comunicar con sus canciones, es ejemplar. Y siempre es ejemplar poder respirar ese aire y ser inspirada. De todo eso siempre se aprende.

De todos los artistas con los que has colaborado a lo largo de tu carrera, sin duda el que marca un punto de inflexión en tu trayectoria es Luis Eduardo Aute, a quien acompañaste durante más de 20 años. ¿En qué momento se unen vuestros caminos?

– Estaba yo girando con Miguel Ríos en esa época. Me llamó el mánager de Eduardo para decirme si podía sustituir a la mujer que trabajaba con él, que era Alicia Alemán, una artista maravillosa. Me tenía que aprender en dos días 27 temas con sus letras, sus arreglos, sus guitarras, su segunda guitarra… Yo dije que sí y entré en un modo autista durante 24 horas en mi casa preparando el concierto. Me sumergí en ese universo Aute que no conocía bien y la verdad que volé. Es tan inmensa su obra, tan profunda. En ese primer concierto tuvimos muy buenas sintonías, él me miró, yo estaba a su izquierda como siempre en el escenario y me felicitó. Desde ahí hasta el último día que estuvo actuando, en una gira que estábamos haciendo en 2016 por el sur de España.

Aute decía que las historias no acaban porque alguien escriba la palabra “fin”, ¿Qué es lo que más echas de menos de él tanto a nivel musical como personal?

– Echo muchísimo de menos su opinión, su palabra, conversar con él de cualquier tema de los que pasan hoy en día. Muchas veces estoy en mi casa y me pregunto: ¿Qué diría Eduardo de esta noticia?, ¿Qué diría Eduardo de esta situación política?, ¿Qué diría Eduardo de esta canción que acabo de terminar o de mi disco?, ¿Qué diría Eduardo de mi perro?. Yo no soy la única que le extraño muchísimo, porque era un ser único y con un sentido del humor muy particular. Y con una cultura inmensa y una filosofía de vida que transmitía con humildad y sin ninguna arrogancia. También era muy generoso, aunque eso ya lo habrás oído de toda la gente que ha colaborado con él. Nunca dijo no a nadie y como decía Pastora Vega en un concierto que organizamos en el Wizink Center en su homenaje en Madrid: «Eduardo nunca escribió nada en lo que no creyera». Y es verdad. Su palabra era profunda y muy honesta, eso es lo que más extraño.

El próximo 29 de enero darás un concierto en la sala Clamores de aquí de Madrid para tratar de mantener vivo su legado. ¿Qué podremos escuchar en este concierto? 

– Canciones… tiene tantas, tan queridas, tan buenas, que he hecho una primera selección de ellas. Pero claro, el concierto no puede durar 3 o 4 horas. Durará una hora y media o algo más quizás, porque tengo algunas invitados. Por decirte decirte algunas de las canciones: «Alevosía», «Me va la vida en ello», «Sin tu latido» o «Siento que te estoy perdiendo». Quiero guardar un poco de sorpresa pero ese sería un poco la tesitura por donde va a navegar la emoción.

Para ese concierto está anunciado como artista invitado, entre otros, Andrés Suárez. Que la música sirva de nexo de unión entre distintas generaciones, ¿es una de las cosas más bonitas que tiene?

– Sin duda. No existe la edad de uno cuando se está tocando con una banda o cuando estás cantando con un artista. Al menos eso creo yo y pienso que le pasa a mucha gente. Simplemente sientes si hay feeling o sintonía. Y desde luego une, porque luego te pones a hablar cuando termina el concierto y te das cuenta que da igual realmente desde donde te paras a mirar el mundo. Cada uno se nutre del otro y no es siempre el joven el que se nutre del más mayor, yo aprendo mogollón de la gente joven.

Aunque él huía de ese mundo de cifras y números, con su disco “Entre Amigos”, Aute fue número uno de las listas de ventas. Eran otros tiempos donde se valoraba mucho más el lado poético de las canciones. ¿Te da pena ver como se ha desvalorizado la música con el paso del tiempo?

– En ese sentido acepto bien como pasa el tiempo, pero también es verdad que se sigue haciendo buena música a día de hoy. Sigue habiendo artistas en todos los lugares del mundo, muy buenos compositores, nuevos arreglistas, nuevos pianistas, nuevos letristas que dicen cosas fantásticas y poéticas. Lo que pasa es que no todo el mundo somos reconocidos a nivel popular y ese es el problema. Es la industria la que está a años luz, sigue estando un poco por detrás de la vanguardia, de la realidad, de la vorágine, de la creación… que va un paso por delante.

Tú a la hora de componer buscas siempre la mirada poética en tus letras. ¿Te consideras una poeta con alma de cantante o una cantante con alma de trovadora?

– No sé, lo de los títulos y las etiquetas es complicado. Yo intento solamente tener una mirada poética ante la vida, porque sino no podría soportarla. Es muy dura. Y ante las cosas que escribo le doy la misma importancia a la música que a la melodía, a las armonías que a la letra. Para mi todo es importante. Una buena letra con tres acordes que me parecen feos no me gusta. Y no me considero ni lo uno ni lo otro. Simplemente sé como me gusta escribir, con esa mirada poética y dándole a todo la misma importancia.

Vicente Aleixandre dijo “La poesía tiene que ser humana. Si no es humana, no es poesía”. ¿Qué sentimientos y motivaciones son los primeros que te vienen a la cabeza cuando te pones delante de una hoja en blanco a escribir?

– Vértigo, siempre está el vértigo. La sensación de no saber si serás capaz de rellenarla con algo que tenga sentido. Mientras más escribes, más crítica eres con lo que empiezas a escribir en esa hoja en blanco. Por otro lado siempre intentas ir un peldaño más allá y tratas de profundizar o darle una vuelta más a lo que dices. Es como decir: ¿seré capaz? ¿saldrá algo? ¿o ya fue la última?. No lo sabes, pero al final la inspiración es trabajo. Y si tienes las herramientas, un poco de talento, actitud, aptitud también y te sientas a diario al final salen las cosas. Sólo hay que ponerse.

También has homenajeado a Violeta Parra, una figura clave en nuestra historia para reivindicar el papel de la mujer en el mundo. Su compromiso social, su denuncia contra la violencia y sus ganas de cambiar el mundo también se percibe en tu ADN.

– Bueno, muchas gracias.

Ahora mismo hay dos mujeres liderando las listas de ventas. Aunque todavía queda mucho camino por recorrer, ¿sientes que poco a poco la mujer va teniendo el lugar que se merece en el mundo de la música y de la cultura en general?

–  Yo creo que sí. Últimamente las mujeres estamos asomando más la cabeza en todos los niveles, no solamente como cantantes. También como autoras, productoras, realizadoras, cineastas, escritoras… La lucha feminista no ha sido en vano más allá de las diferencias que tiene cada grupo feminista y de la politización del movimiento. La prueba de ello es que en cada país, en unos más que otros, estamos asomando. Pero todavía queda mucho camino. No es que compongamos mejor que los hombres, no es que hagamos mejor las cosas, simplemente tenemos que ser miradas de forma más empática, por nuestra sensibilidad, por nuestra fisiología. Todavía queda mucho por conquistar.

El folklore chileno es uno de los más ricos en cuanto a costumbres y tradiciones. Y aquí a nuestro país apenas llegan con cuentagotas sus canciones. ¿Por qué de otros países latinos como México o Argentina estamos constantemente recibiendo música y de Chile no?

– Bueno, llevamos unos pocos años que al menos en la industria alternativa: Radio 3, Radio Nacional de España, la Casa Encendida en Madrid y otros espacios en Barcelona si reciben música de Chile. Manuel García, Chicoria, Pascuala Ilabaca, Mon Laferte… hay música que si está llegando, pero es verdad que en algunos aspectos Chile parece una isla, porque está en el fin del mundo rodeado de una cordillera imponente como los Andes. Y cuesta exportar todo el potencial que hay. Violeta Parra que hablabas antes de ella, fue una mujer absolutamente genial. Sería valiente y vanguardista hasta para el día de hoy, porque ella cogió su maleta y se fue a recorrer América, luego cruzó el Charco, se fue a París y puso en el Louvre sus pinturas. Era una mujer muy peleona, pero es una excepción y no es lo habitual. Yo invito a la gente que se meta en internet. Ahora hay mucha información de ella y unos cuadernos que publica la fundación Violeta Parra. Les invito a que conozcan su obra porque no solamente sus canciones son maravillosas, para la gente que les gusta la música instrumental tiene unas piezas para guitarra increíbles. Además, tiene una pintura, unas arpilleras y una plástica espectacular.

Tu último disco, “Viento Sur”, es un homenaje al país vasco, a su historia, a su idioma y a su mitología. ¿Qué tiene esta tierra para que te haya atrapado tanto e inspirado un disco entero?

– Curiosamente creo que hay bastante similitud con donde yo nací. En Chile hay mucha gente de Euskadi. Yo me vine aquí porque en Madrid había poco trabajo. Dije, voy a ir a vivir más cerca de la naturaleza. Y ahora estoy rodeada de montaña, de campo, de mar… Para mi cumpleaños tuve la fortuna de que me regalaran unos libros de leyendas y mitología del País Vasco y es apasionante. Tiene mucho que ver con el mundo indígena Mapuche, en cuanto a la Machi de los Mapuches y el Matriarcado que hablan de aquí del País Vasco. La diosa Mari que vive en El Amboto tiene también ciertas similitudes, y en cuanto a ritos, leyendas y mitología es muy inspirador. Y de pronto me salieron estas canciones. Están hechas minimalistamente: a piano, guitarra y voz tal como llenan en directo, con el pianista con el que estoy trabajando aquí, Rafa Aceves. Es un grandísimo pianista de Jazz, maravilloso, y una persona que se ha comprometido con mi música de una manera espectacular. Los dos solos hacemos un sonido como «de a cuatro» entre mi guitarra, su piano, su melódica y la voz.

Además de cantante, poeta y compositora eres una apasionada de los collage. Si tuvieras que hacer uno con tus mejores recuerdos vividos en el mundo de la música, ¿Qué nos encontraríamos?

– Wow, eso está por hacer. Yo les invito a que vean la portada del disco «Huesos de mar» de hace dos discos atrás. Eso es un collage con el formato del disco cuadrado, para que la gente lo desplegara en un tríptico y pudiera colgarlo. ¿Qué se vería en ese collage?, pues lo divino y lo humano como decía Violeta Parra.

Ya mirando hacia el futuro, además de este concierto de la semana que viene, ¿Qué otros proyectos tienes en mente para este año que acaba de empezar?

– Terminar de grabar. Ahora estoy moviendo tres repertorios, uno es «Viento Sur» donde hago un repaso de mi carrera musical más las canciones de este último EP. Otro se llama «En tu latido», con versiones de Luis Eduardo Aute y donde también canto un par de temas míos al final. El tercero es un homenaje a mi madre, las grandísimas boleristas que fueron Sonia y Miriam en los años 50, que estrenaron muchos de los boleros más hermosos que se conocen. Ellas no vinieron a España pero fueron muy conocidas en América, desde Cuba o México hasta Chile. Este repertorio se llama «Contigo Aprendí», aunque yo le pongo que es al sur del jazz porque tiene una mirada jazzística y está hecho también muy minimalista. Quiero grabar todo esto.

Muchas gracias Cristina por querer compartir este rato con nosotros. Te deseamos toda la suerte del mundo con todos esos proyectos que están por venir. ¿Algo que quieras añadir, algún enlace donde te pueda encontrar la gente?

– Me pueden seguir en mi Instagram de música y en el de collages, que son dos distintos. Luego en mi página de Facebook, en mi canal de Youtube y en mi página web. Muchísimas gracias por difundir la música, el arte y la cultura. Nos encontraremos en los conciertos.

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