
Marsella, «La nostalgia es una parte horrible con la que convivo día a día»
Pocas veces un disco dice tanto solo con el título como “A todos lo que se fueron”, el último trabajo de Marsella. Nueve cantos desgarrados en los que la banda madrileña afronta la pérdida y el dolor desde una óptica luminosa llena de vitalidad. En esta entrevista, Germán (compositor y vocalista de la banda) abre su corazón para contarnos como a través de estas nueve canciones ha tratado de canalizar y cerrar las heridas emocionales que le han quedado tras la muerte de su hermano Bruno.
Escucha la entrevista completa:
– Para todos aquellos que no hayan oído hablar nunca de vosotros, ¿Cómo presentarías a Marsella a nuestros oyentes?
– Somos una mezcla de sintetizadores de los 80 y mucha pista de baile. Hacemos canciones épicas con mensajes sentimentaloides, pero siempre nos gusta que sean temas con los que se pueda saltar, estar en un concierto y disfrutar.
– ¿Cuál es la primera palabra que te viene a la mente al pensar en estas nueve canciones?
– Catarsis podría ser una palabra acertada en este caso. Es un homenaje que yo hago a mi hermano, que perdió la batalla contra el cáncer. Para mí ha sido una forma de hacer las paces con el universo por esta situación que he vivido.
– ¿Se pueden llegar a cicatrizar heridas emocionales tan profundas como esa?
– Yo creo que no. Estas cosas te persiguen para siempre. Pero este tipo de ejercicios te hacen estar en paz con el mundo que te rodea, tener la herida un poco cerrada e intentar ver el mundo de otra manera. Son cicatrices que nunca van a desaparecer, pero siempre hay formas de poner tiritas. Hay que seguir andando en este camino y ver las cosas buenas a pesar de los golpes que a veces nos dan.
– A pesar del trasfondo trágico el disco es luminoso. ¿Es más terapéutico bailar los dramas que llorarlos?
– Es curioso. Siempre he considerado que soy una persona a la que le cuesta menos llorar de felicidad que de tristeza. Este disco evidentemente ha tenido su parte triste y yo lo he vivido mal, como es lógico. Pero me gusta mucho esa mezcla, que la letra hable de algo trágico pero que la canción vaya completamente en la dirección contraria y te invite a saltar. Este año descubrí, gracias al libro «Viaje hacia la canción perfecta» de Miguel Marcos, que eso tenía un nombre: función empática y anempática.
– ¿Qué es lo más duro de poner en canciones letras tan viscerales como estas? ¿Escribirlas o revivirlas una y otra vez luego en los conciertos?
– Escribirlas. En ese momento es en el que yo crují. Al haberlo hecho previamente es como haber pasado la asignatura y tenerla convalidada. Cuando llegan los directos todo se vive de una manera más placentera, toda la parte triste se quedó en la composición.
– ¿Es un disco homenaje solo para Bruno o en cierto modo ha sido también una necesidad de Germán de desahogarse y soltar todo lo que llevaba dentro?
– Siempre he pensado que es más bien lo primero un homenaje que yo le debía a mi hermano para que fuera recordado. Ese fue el motor que me llevó a todo esto. Que luego también me ha servido a mí para curar heridas y entender la vida de otra manera, puede ser que sí. Pero el motivo principal era encontrar algo para que mi hermano todavía estuviera aquí entre nosotros.
– Ira, odio, dolor, melancolía, luz, hay muchos sentimientos dentro de estas nueve canciones. ¿Cuál ha sido el más catártico de plasmar para ti?
– Tanto la melancolía como la nostalgia son dos sentimientos que me han llevado siempre de la mano. Mi hermano nació en el 75, la década de los 80 me parece maravillosa, sueño con ella, pero es una década que yo no he vivido porque nací más tarde. Diría entonces que la nostalgia, no sé por qué, pero es una sensación a la que siempre he estado muy apegado. Me gusta mucho convivir con ella día a día.
– Dicen que la nostalgia es una droga dura muy adictiva, ¿puede tener efectos secundarios cuando se vuelve excesiva?
– Yo creo que sí. Cuando vas cumpliendo años, por lo menos en mi caso que soy una persona a la que no le gusta nada madurar, sueles mirar atrás y recordar aquella época del pasado en la que vivías. Eso puede ser un poco peligroso.
– La semana pasada, en la presentación del disco, vimos a tu madre emocionarse con las canciones. ¿Qué es lo primero que te dijo cuando se enteró que ibas a hacer un disco hablando de la batalla de Bruno contra el cáncer?
– Al principio se lo tomó con distancia porque era una forma de revivirlo. Yo es cierto que muchas cosas malas de la última etapa de mi hermano mi cerebro las ha borrado por completo. No sé si lo he propiciado yo o ha sido involuntario. A mis padres eso les ha costado más, por eso ha sido más complicado para ellos. Al final no deja de ser como colgar una foto de alguien que ya no está en el salón de tu casa.
– Una de las canciones lleva por título la fecha exacta de la muerte de tu hermano. ¿Por qué has querido hurgar tanto en la herida y dejar plasmado hasta ese momento tan oscuro?
– Quería hacer un disco conceptual. Es algo que ya no se lleva, porque la gente solamente consume singles. Pero yo tenía dos cosas claras, una era esa y la otra que quería que el disco tuviera un número de canciones impares para que hubiera una canción en medio… y que esa fuera la única canción triste de verdad del disco. Me gustaba esa idea de empezar en la luz, ir a la oscuridad y luego volver a ver la luz. Todo parte de un ejercicio que se llama escritura automática. Es decir, coger un papel y vomitar directamente todo lo que a tu cerebro le viene. Esta canción salió así, me metí en mi mundo y fue la que menos me costó escribir. Todo fue muy orgánico.
– A nivel de composición y de producción ha sido más exigente en este disco por el delicado mensaje que lleva de lo que hubiera sido en otro contexto y con otras canciones?
– Desgraciadamente sí. Es otra cosa que me ha perseguido mucho. Tengo el problema de siempre darle mil vueltas a todo y en este disco ha sido todavía más problemático, porque sentía el peso de necesitar hacer el mejor disco de mi vida, para estar a la altura de ser un buen homenaje para mi hermano. Y ha sido complicarme a mí mismo constantemente, con un nivel de exigencia horrible. Agradezco tanto a Juan Suero como a David Van Bylen, los dos productores del disco, que hayan estado ahí para echarme freno y decirme: Germán para, la canción es esta, déjala ya, pasa página.
– ¿Te daba vértigo antes de sacar el disco que la gente no conectara con el mensaje de las canciones tal y como tú esperabas?
– Eso nos pasa a todos los que escribimos canciones o nos dedicamos al arte. Siempre que escucho a alguien decir que escribe canciones por hobby, no por el reconocimiento de la gente, pienso que es mentira. Si hicieras canciones para ti no las publicarías para que la gente las escuchase luego. Yo he escrito estas canciones porque me apetecía desahogarme con ellas pero también reconozco que quiero que la gente sienta algo bonito cuando las escuche. Esa sensación de si va a funcionar es una duda que tenemos siempre todos los que componemos canciones cuando sacamos un disco.
– La primera canción que publicasteis llevaba por título también una fecha y hablaba de los momentos en los que te vienes abajo pero sacas fuerza de donde sea para seguir luchando. ¿Es este nuevo disco una manera de cerrar el círculo en esa apuesta por la resiliencia y la esperanza?
– El otro día nos dijeron que esa canción, «5.11.16», podría haber sido también parte de este disco por el mensaje que tiene. Sí que puede ser que busque ese tipo de sensaciones siempre en las canciones, levantarte cuando te caes y recordar que las heridas al final se pueden superar. Mi hermano siempre decía una frase que a mí me llega al alma: «Todo en esta vida tiene solución excepto la muerte». Me la dijo incluso antes de empezar con la enfermedad. Ese tipo de cosas me han marcado a la hora de componer canciones, tanto en el primer disco como en el segundo.
– Hoy hace exactamente 6 años que salió publicada esta canción. ¿En qué aspecto dirías que más ha evolucionado o cambiado Marsella con el paso del tiempo?
– Joder, ni lo sabía. Qué guay esto. Es cierto que el primer disco lo hicimos con Carlos Hernández, que es un productor mucho más guitarrero. Yo buscaba en este segundo ir a algo más ochentero. La evolución se ha ido gestando de manera natural y al final tenemos dos hijos dispares entre sí, por lo menos a nivel de sonido.
– En «5.11.16» lanzabas una pregunta al aire: ¿Cómo se hace para ser feliz?. ¿Has encontrado ya la respuesta?
– Es complicado eso. Sobre todo porque cuando te pasan este tipo de cosas tiendes a pensar que ya nunca más vas a estar completo a nivel de felicidad. Tengo un audio de wasap de mi hermano por mi cumpleaños que me dice: «Tienes las cartas para jugar el juego de la vida bien barajadas». Eso fue el 28 de septiembre y él se fue un poco más tarde, el 10 de noviembre. Siempre acudo a ese audio para recordar que hay que luchar por ser feliz y seguir tirando hacia adelante.
– Hay otra de las canciones de vuestro primer disco, «Cuando me hundo», que reflexiona sobre los sueños que no cumplimos por miedo al fracaso. ¿Has dejado muchas cosas de hacer por no atreverte a lanzarte al vacío?
– Montones. No sé si por miedo a no lanzarme al vacío, pero sí con la sensación de que son cosas que tenía que haber hecho. La nostalgia es una parte horrible con la que convivo día a día. Creo que es algo que nos pasa a todos y que es ley de vida.
– ¿Duele menos la caída cuando en ese impulso estamos haciendo caso a lo que nos dicta el corazón?
– Duele menos cuando haces caso a lo que el cuerpo te pide. Pero siempre tienes que tener una coraza preparada para cuando te pegas el golpe. Sobre todo cuando luego viene alguien a ensalzarte los errores. Tienes que estar más preparado para esos otros «golpes» que para la propia caída en sí.
– Cumplir los sueños no siempre depende de uno mismo. ¿Qué dirías que es más importante para triunfar en la música, tener actitud o tener talento?
– La actitud hace mucho. Vivimos en una sociedad en la que no es tan importante hacer las cosas bien como aparentar saber hacerlas. Es un arma de doble filo porque al final hay que premiar el talento y el esfuerzo. Pero a veces tengo la sensación de que las apariencias la gente las compra antes que el talento.
– ¿Y si nos vamos al otro extremo, ¿Cuál sería para ti el mayor enemigo al que se tiene que enfrentar un artista en su día a día, la autoexigencia, la frustración o la lucha de egos?
– La lucha de egos es una cosa que con el tiempo se te va yendo. Y el hecho de convivir en un proyecto musical de banda también te hace entender el punto de vista del que tienes al lado. El peor enemigo de todo esto yo creo que es como está establecida la sociedad. Una vez escuché a alguien decir: ¿tú alguna vez irías al cine a ver una película que no hayas visto?. La respuesta que dice la gente es no. Pero con la música pasa al contrario, nadie quiere ir a ver un grupo que no ha escuchado.
– Hablando de sueños… el año pasado cuando se cumplía el cuarto aniversario de la muerte de tu hermano, cumplíais el sueño de tocar en los conciertos de Radio 3. ¿Eres de los que cree que las cosas suceden por casualidad o son parte del destino?
– Nunca he creído en las supersticiones y tampoco tengo muy claro a nivel religioso qué soy. Pero es cierto que ha habido muchas casualidades en mi vida que a veces me empujan a pensar que las casualidades están ahí por algo.
– Muchos de los cantantes que pasan por aquí hablan del amor como el sentimiento más universal para componer. ¿No es aún más universal por desgracia el dolor y la pérdida?
– Yo creo que sí, pero estamos restado un poco importancia al amor o al desamor y cuando te llega un tema como éste, que habla de la pérdida de un ser querido impacta más.
– A veces hay que mirar al pasado para avanzar en el futuro. Después de este ejercicio catártico que ha supuesto para ti este nuevo disco, ¿Hacia dónde se van a dirigir ahora las canciones de Marsella?
– Yo he sentido por primera vez la sensación o la necesidad de dejar de hacer canciones sentimentales, que entren tan hondo en temas personales. Quiero ir completamente al extremo contrario y hacer algo que sea irreverente, mucho más sarcástico e irónico.
– La letra de «Siempre eternos», otra de las canciones de este nuevo disco, habla de intentar vivir feliz hasta el último aliento. ¿Perder a tu hermano tan pronto te ha hecho tomarte tu proyecto musical de otra manera y valorar más las pequeñas cosas?
– Mi hermano era consciente de que le quedaba un tiempo limitado y aún así no era capaz de vivir todos los días como si fuera el último. Yo siempre he tenido por principio ser feliz e intentar ir a por todo en la vida, igual porque vivimos en esta generación de la inmediatez, de conseguirlo todo rápido. Lo de mi hermano solo me ha acelerado las expectativas un poco y darme cuenta de que la vida se acaba.
– Si te dieran la oportunidad de volver a tu infancia junto a él pero a cambio tuvieras que renunciar a ciertas cosas como por ejemplo la música, ¿Aceptarías?
– Si. Es una cosa que pienso muchas veces.
– Ls canciones curan cosas que la medicina no puede. ¿Es para ti también la mejor vía de escape para evadirte de la realidad?
– Eso completamente. Cuando estaba en el colegio, siempre que tenía un problema cogía los auriculares, me ponía canciones de Muse a todo trapo y salía del universo. Ya nada me importaba y me creía el rey del mundo.
– En más de una ocasión has dicho que la canción más especial para ti de este disco es la última canción, ¿Qué la hace ser diferente a todas las demás?
– Es una canción que dio varias vueltas. Estaba entre el primer disco y el segundo, en el sentido de que tiene sintetizadores pero es más orgánica. Hay una parte instrumental con pianos en medio que me parece maravillosa y siempre he tenido la sensación de que es la mejor canción que hemos hecho con Marsella.
– En una estrofa de esta canción dices, prometo ser valiente y quererme más. ¿Hasta qué punto es importante saber valorarnos a nosotros mismos para no caer en comportamientos autodestructivos?
– Mucho. Tú mismo tienes la llave para no caer en depresión. Con ayuda o sin ayuda tienes que conseguir estar estable para poder afrontar todo tipo de cosas.
– De lo que no hay ninguna duda es que en este disco has abierto tu corazón de par en par. ¿Mostrarse tan vulnerable a la hora de componer es una debilidad o un acto de honestidad y valentía?
– La gente cuando cuenta las cosas de verdad es lo más bonito que hay. Lo importante no es que tú hayas vivido una experiencia dramática y la cuentes en un disco, lo importante es saber contarlo para que el público conecte. Al final la honestidad se nota.
– En la letra de “Por nosotros” dices, ya es hora de hacer balance en positivo. ¿Qué balance haces tú de todo lo que has vivido hasta ahora?
– La música es una carrera de fondo horrorosa pero que al final engancha. Y puede ser una via de escape muy bonita si te rodeas de gente que rema contigo. A pesar de haber habido momentos jodidos en la carrera de Marsella si echo la vista atrás en el tiempo me siento orgulloso de todo lo que hemos ido haciendo hasta el día de hoy.
– ¿Qué objetivos tenéis en mente para el 2026, os habéis fijado alguna meta?
– Estamos terminando de cerrar conciertos de cara a febrero, marzo y abril. Y tenemos un par de canciones más que iremos sacando. E intentaremos seguir pinchando en esto del Benidorm fest, que nos invitaron el año pasado al Euro Club y le hemos cogido el gustillo. A ver si suena la moto algún día…
– Hay un refrán que dice: es difícil dejar ir lo que el corazón no quiere olvidar. ¿Podría servir para poner el broche final a esta entrevista?
– Sí, completamente. Me parece una frase redonda para cerrar esta entrevista.
– ¿Algo que quieras añadir y que te haya faltado por decir?
– No, he estado encantado. Millones de gracias por darnos voz y por tenernos en cuenta. Ojalá nos volvamos a ver en nada.