Hijos de la Ruina reclama su trono en Madrid

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Foto: Alexis Bos

Hijos de la Ruina reclama su trono en Madrid

Hay noches en las que el aire en Madrid pesa de otra manera, y ayer era una de ellas. El ambiente a las afueras del recinto ya vaticinaba lo que se venía: una marea humana lista para dejarse la voz con el regreso del combo más letal de la escena. Natos, Waor y Recycled J volvieron a demostrar que, cuando se juntan, la química es atómica.

El inicio y los primeros himnos

El show arrancó por todo lo alto con «Otra vez», una declaración de intenciones que puso a botar a las miles de personas que abarrotaban la pista. Pero fue con «Piratas» cuando el recinto se convirtió en un auténtico abordaje; la energía era tan contagiosa que parecía que las paredes iban a ceder.

La lista de invitados no se quedó corta. Al Safir apareció en escena para aportar ese toque crudo y callejero que tanto gusta, manteniendo la intensidad en niveles peligrosos. Sin embargo, el primer gran estallido de euforia colectiva llegó con el himno que da nombre al grupo: «Hijos de la Ruina«. Ver a todo el pabellón a una sola voz es de esas imágenes que se te quedan grabadas en la retina.

Invitados de lujo y momentos de piel de gallina

La hermandad del rap español estuvo presente cuando Fernando Costa saltó al escenario para reventarlo con «Hustlers», seguido de la crudeza de «Hijos bastardos». Pero no todo fue saltar; hubo espacio para la emoción pura. Con «A la tumba», el trío bajó las revoluciones para crear un momento íntimo y solemne, recordando a los que ya no están. Un respeto absoluto que inundó el Arena.

El huracán Recycled J

Mención aparte merece Recycled J. Jorge se reivindicó como la estrella absoluta que es. Tuvo su espacio en solitario, demostrando una versatilidad vocal insultante, e incluso invitó a MVRK para tirar ese «Skr Skr» que puso a todo el mundo a bailar. Su momento cumbre llegó con «Aunque digan que yo», dejando claro que su estilo es único e innegociable.

La recta final: Éxtasis y orgullo madrileño

El último tercio del concierto fue una montaña rusa: «Rock and rolla«: Otro subidón de adrenalina pura. «Roto por dentro»: Una conexión mística entre público y artistas. «Dame más alcohol»: La sorpresa de la noche con la banda en directo, dándole un empaque rockero y orgánico que elevó el tema a otra dimensión. «Nada ha cambiado«: Un regalo para los puristas con la aparición de Suite Soprano, celebrando el nuevo disco y las raíces.

Para el cierre, el trío sacó la artillería pesada. «Sudores fríos», «Moltisanti», «Bicho raro» y «Cicatrices» fueron coreadas con una rabia y una pasión que solo se ve en Madrid. Y como no podía ser de otra forma, el broche de oro lo puso «Madriz«, el nuevo himno de la ciudad, sellando una noche perfecta en casa.

Veredicto: Hijos de la Ruina no ha vuelto, porque nunca se fueron. Pero anoche confirmaron que su legado es eterno.

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