Luz Casal pone en pie el Auditorio Víctor Villegas de Murcia

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Luz Casal pone en pie el Auditorio Víctor Villegas de Murcia

El pasado viernes 7 de diciembre, el Auditorio Víctor Villegas de Murcia casi con una puntualidad británica, se tiñó de rojo pasión, rojo vivo, rojo sangre, el rojo de la vida o del amor. Velos de este color cubrían de arriba abajo y de lado a lado el escenario, regalo intencionado que desde el minuto uno, hizo que nos adentrásemos en un aura familiar pero a su vez, en lo prohibido, lo apasionado, lo expectante o lo desconocido… Y tras ellos, la sombra que no tardó en dejarse ver entre sonidos de guitarra eléctrica; la muy esperada por el público, Luz Casal, rompió el escenario con una de esas canciones de su último álbum que nos recordó a la Luz ochentera, a la rockera y es que, si alguna vez pensamos que dejó de serlo, nos dejó muy claro que no.

Que corra el aire” (título también de su último álbum) fue el tema elegido con el que la artista gallega como siempre, enérgica e imponente, contagió con su ímpetu a los presentes. Estaba claro que Luz no quería que corriese el aire entre nosotros, no había ningún muro que poner; esta canción es un punto y aparte, oxígeno e introspección necesarios; porque sí, Luz también nos enseña que se puede reflexionar entre notas, butacas y bailando. Una de las peculiaridades a destacar de Luz Casal, es que dice las cosas sin filtros, tal y como las siente pero sin sentenciar, quien sabe ver más allá, descubre en ella sus puntos sarcásticos y un sentido del humor que en tiempos donde uno ya no sabe lo que puede o no puede decir, donde se cae en la falsa modestia o en la hipocresía, ella tiene las cosas muy claras.

Hace poco nos confesó en una reciente entrevista concedida para Libertad digital/es.radio que: “Si no me gusta el postureo ni la mentira en mi vida, menos en la música” y así nos lo hizo saber también en la ciudad de Murcia: “Este es un álbum especial y de manera especial quiero que lo viváis esta noche, y a los que todavía no lo tengan, se darán cuenta de que ya deberían tenerlo” Dijo entre risas y ese halo de timidez que a veces se le escapa cuando no hay música de por medio. Ya no había vuelta atrás, el público estaba más que entregado y continuó con ese punto optimista de Luz, donde queda reflejado en las canciones de este último álbum, que por cierto, casi mostró al completo.

Y, ¿Cómo de una historia real de la partida eterna de un niño puede hacerse un tema tan emotivo y sanador como es “Lucas”? complicado. Pero Luz da forma y la transforma, nos lleva a lo antagónico del dramatismo, de lo trágico, para cantarla y contarla con espiritualidad, esperanza y dulzura. Sin lugar a dudas, digno de alguien que ve la vida desde otro prisma. Desde aquí, nos atrevemos a decir que todas las canciones de “Que corra el aire” son mucho más que destacables, entre otras cosas, porque es un compendio de las varias etapas musicales de Luz, pero sin ser más de lo mismo, algo complejo para una pionera y veterana dama de la música que ha traspasado y sigue traspasando fronteras.

Pero por su tenacidad, pasión, creatividad y aplomo a la hora de meterse al estudio, Luz Casal es la alquimista de partituras desmelenadas para convertirlas en un mosaico de emociones latentes para quienes la escuchan y piden más de su fragancia. Y de este maravilloso trabajo que todavía gana varios tantos en directo, Luz quiso dar una vuelta por el pasado para que recordásemos, y lo hicimos y de qué manera; “Entre mis recuerdos” abrió esa ventana para asomarnos con un nudo en la garganta, con cautela pero con los labios al unísono musitando aquello de “…y si las lágrimas vuelven, ellas me harán más fuerteeeee…

Recorrimos canciones como “Un nuevo día brillará”, “No me importa nada”, la magnífica “Sentir” que seguramente más de uno nos la hemos cantado a nosotros mismos. Con “Besaré el suelo” no existieron relojes que pudiesen calcular el tiempo que el público se mantuvo de pie entre aplausos y ovaciones y es que Luz, no solo canta con la faringe, la glotis, epiglotis o diafragma, no, Luz también canta con las manos, con los ojos, con el alma… Y por supuesto, también hubo cabida para nuestra Luz más alocada, descarada, resaltando su belleza, atractivo y ese “Aquí estoy yo” y no, en este caso no nos referimos a la canción.

Con temas como “Plantado en mi cabeza”, “Loca” o el señor con perfume de “Givenchy” que siempre la persigue, ese tal “Rufino” que vaya a donde vaya y allá donde la interprete, hace retumbar cualquier teatro, recinto o estadio. Dato curioso y agradable fue ver como niños de distintas edades cantaban todas y cada una de las canciones con el mismo entusiasmo que los adolescentes, veinteañeros, treintañeros, y seguimos y sumamos, porque su público no tiene edad. Y se agradece que las nuevas generaciones sepan que hay más música, que hay algo más allá y más profundo que el ruido con el que nos llenan la cabeza a modo de hartazgo y sopor, solo que, hay que saber dónde buscarlo y algunos, lo tienen claro.

Uno de los momentos más emocionantes fue cuando Luz interpretó “Lo eres todo” antes de hacerlo, nos recordó que fue una canción escrita por Carmen Santoja, una de las componentes del dúo “Vainica doble” considerándola una de las mejores canciones de amor de su repertorio. Lo hizo a voz y piano y se congeló hasta el tiempo haciéndola más suya que nunca. El público respetó en absoluto silencio cada uno de sus movimientos, de sus notas, y esa letra desgarradora “…Mi Norte y mi guía, mi perdición, mi acierto y mi suerte, mi equivocación, eres mi muerte y mi resurrección, eres mi aliento y mi agonía, de noche y de día…” y como era de esperar, de nuevo el Auditorio entero llenó con sus elogios y aplausos semejante actuación sobrevolando lo magistral.

¡Y qué bello es mimetizar, aprender y empaparse de la Cultura por cada poro de nuestra piel! “Morna” es el título de una de las imprescindibles de Luz, que es el mismo nombre al que se le da a una forma de expresar con la música la nostalgia. Una mezcla de la canción típica de Cabo Verde con el Fado portugués. Una de las grandes cualidades de Luz, es la admiración que profesa a sus compañeros de profesión. Detalle maravilloso fue incluir tanto en la gira como en su último disco, una preciosa canción de la ya desaparecida Mari Trini, titulada “Amores” y es que, como ya lo hizo con la cantante Dalida, exhumar los trabajos de artistas que parecen ser olvidados con el tiempo, no puede ser sino un gran acto de RESPETO Y AMOR hacia la música.

No nos gustaría despedirnos sin hacer mención al intenso año que ha llevado Luz Casal realizando ni más ni menos que sesenta conciertos en diez meses, sin contar sus numerosas escapadas fuera de nuestro país, donde año tras año la aclaman y reclaman. No obstante, hace unas semanas, realizó un concierto en la Catedral de Notre-Dame en Estrasburgo que fue retransmitido en directo para todo el mundo. Y ahora, queríamos darle las gracias a Luz ya no solo por lo que su figura y personalidad representa, haciendo honor a ese humor suyo, también le agradecemos y no sabe cuánto, haber hecho caso omiso a aquel crítico musical de cuyo nombre ya nadie recordamos, quien le espetó que lo mejor sería que se quedase en casa fregando los platos en lugar de subirse a un escenario. Querida Luz, sigue guerreando pisando fuerte esas tablas, que aquí estaremos nosotros para verlo y disfrutarlo.

Próximo y último concierto de Luz Casal 2018: 16 de diciembre a las 20:00h. En el Wizink Center, MADRID. Entradas AQUÍ.

Crónica realizada por Soco Cordente

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