
«Sopa Sónica», el fruto de la libertad creativa de falsantes
Jorge Martínez, líder de Ilegales, no se quitaba la chupa de cuero ni para salir de la ducha. Era el ADN de un músico único tan temerario como talentoso que ha dejado como legado un universo musical descarnado, incómodo y necesario. Pero su capacidad para convertir la provocación en arte iba más allá de las canciones. Celebre fue su famosa «Sopa sónica», dos palabras con las que describía la sensación de vibrar y sentirse vivo a través de la música en una entrevista.
Esa energía que impulsaba al músico asturiano es también la fuerza motriz que sirve como hilo conductor al nuevo trabajo de faLsantes. Fieles a su filosofía, la banda ha vuelto a hacer lo que le da la gana. Lejos de repetir fórmulas, han sido capaces de madurar en su idiosincrasia para regalarnos diez canciones brillantes donde cada arreglo ha sido trabajado al detalle. Sin miedo a explorar pero sin alejarse mucho de su propia orilla. Hasta encontrar la identidad exacta de cada canción.
Dicen que el tercer disco de una banda es el de su consolidación. FaLsantes reafirma esa teoría con diez historias épicas y arriesgadas: a veces reales, a veces inventadas. Así, en el álbum podemos encontrar desde referencias a un monólogo de Leo Harlem hasta una historia real de un hincha del West Ham United que terminó disputando un partido oficial con su propio equipo. Es el sello de la libertad creativa, la ausencia de complejos y, sobre todo, el amor y la pasión absoluta por la música.
Pero en la sopa sónica de faLsantes hay muchos más ingredientes. La banda se atreve a explorar en este trabajo temas de profundo calado existencial, como la contradicción entre el orden y caos. También proponen un viaje astral a través de los recuerdos y reivindican a quienes impulsan el progreso precisamente por no encajar. Todo hecho sin complacencia ni esfuerzo por seguir los cánones. Y eso se nota. El resultado es una obra enmarcada en su propia realidad, tan poderosa como descomunal.