
Carmen 113, «Después de la euforia siempre viene la nostalgia»
“Mañanas de Euforia” es el proyecto más ambicioso de Carmen 113. Nace de una idea sencilla pero profundamente transformadora: entender que cada despertar es en sí mismo un acto de euforia. En un mundo donde la rutina nos empuja a olvidar lo esencial, este disco reivindica la presencia, el estar aquí. En esta entrevista nos cuentan los detalles de un trabajo que habla del amor en su forma más pura: lo que se encuentra en la familia, en los amigos y en las personas que nos sostienen.
Escucha la entrevista completa:
– “Mañanas de euforia” es el título de vuestro nuevo disco. ¿Qué es lo primero que os viene a la cabeza al pensar en estas nueve canciones?
– Luz, es un disco muy luminoso.
– El título nos invita a celebrar cada día como si fuera el último. ¿Es un canto al optimismo o es un himno de supervivencia?
– Es un canto al optimismo. Aunque parezca un tópico, levantarse cada mañana y abrir los ojos tendría que ser un acto de euforia.
– Vivimos en un mundo frenético que nos deja muy poco espacio para nosotros mismos. ¿Es también un dardo para esa inmediatez con la que se consume ahora mismo todo?
– La verdad es que sí. Todo va muy rápido, si hablamos de música, a la gente le cuesta mucho escuchar discos enteros, que tienen su proceso y su arte. Hay que parar un poco, coger aire, respirar, tomárselo con calma y volver a empezar. Por eso, cada mañana es como un comienzo, un nuevo día que estamos aquí. Tenemos toda la vida por delante para ser mejores y hacer mejores cosas.
– Veníamos de un trabajo como “Diva” en el que poníais sobre la mesa las inseguridades, las relaciones tóxicas o la madurez. ¿Es “Mañanas de euforia” una consecuencia de todas esas reflexiones o es un punto y seguido de aquel viaje introspectivo?
– Es un punto y seguido, aunque visto de otra forma. «Diva» era un disco más de fuera para adentro, como una coctelera de la que salen cosas. Este disco es al revés, está mirado de dentro hacia afuera. Y es un disco, como decíamos antes, dedicado a lo cotidiano, a la gente que tienes alrededor, no tanto a lo inmediato. Al final toda esa gente es la que acaba construyendo cosas por las que vale la pena escribir canciones. Eso nos inspira y ha sido el camino a tomar en este disco. Es el fruto de todo un proceso, todas las canciones hablan de amor, pero desde todos los tipos de amor: a la amistad de muchos años, a la pareja, a los seres queridos, a la vida en general.
– ¿Cuál de todas las canciones es para vosotros el eje central del disco o la parada más importante de este viaje?
– Es complicado elegir solo una, porque todo el disco está muy pensado, no hay nada de relleno. Explica muy bien de principio a fin el concepto que queríamos y a nivel de estilos está todo muy mezclado. Pero si hay que mojarse quizá «Mañanas de Euforia» es la canción que engloba mejor lo que es el disco.
– El álbum se ha construido desde lo íntimo hacia lo universal. ¿Hay que escuchar el disco en orden para entender mejor todo el proceso creativo?
– Sí, es la intención, la primera canción ya es una declaración de intenciones.
– A pesar del trasfondo luminoso, en el corazón del disco hay una ausencia que lo atraviesa todo. ¿Es más terapéutico bailar los dramas que llorarlos?
– Eso seguro. En este disco la ausencia está planteada desde el punto de vista de cuando pierdes a un ser querido y pasan unos cuantos años, ahí con la distancia puedes realmente pasar el duelo y tratarlo distinto. Por ejemplo, cuando en 2018 falleció mi padre, le dediqué una canción que se llamaba «Diciembre», que fue justo el mes en que él falleció. Era una canción mucho más triste, donde se nota claramente que estás en un duelo que no has superado. Ocho o nueve años después, «Mañanas de Euforia», la canción que da título al disco, también habla de eso. Es una carta que le mandas a un padre diciendo que las cosas están bien. Tenía ganas de hacer una canción así, que hablara del tema pero con ese otro punto de vista más rítmico, del bailar llorando.
– Si tuvierais que elegir una de estas tres palabras, ¿Cuál sería la que mejor engloba todo lo que hay dentro de las nueve canciones de este disco: fragilidad, celebración o nostalgia?
– Fragilidad, porque engloba las otras dos palabras, la celebración puede ser frágil y la nostalgia también. Después de la euforia siempre viene la nostalgia.
– El recordatorio que nos deja el disco es que vivir es urgente. ¿Seríamos más felices si nos alejamos un poco de las pantallas y valoramos más la belleza de las pequeñas cosas?
– Totalmente. Vivimos con el FOMO, grabamos conciertos que no volvemos a ver y hacemos miles de fotos que luego nunca revisamos. Da un poco de miedo. Hay que dejar el teléfono de vez en cuando, ponerse un disco, leer un libro o no hacer nada, que perder el tiempo también está bien. La dopamina del scroll puede generar mucha ansiedad y en este disco hablamos de eso. Hay que ser consciente de que no somos finitos y que algún día vamos a morir, aunque suene duro. La gente no piensa en eso y no vive como tiene que vivir, es algo tópico pero que ni yo a veces me lo aplico.
– La nostalgia es la manera más peligrosa de comparar. Si echamos una mirada a vuestros comienzos, ¿Qué balance hacéis de todo el camino que habéis recorrido hasta llegar a este nuevo disco?
– Nos sentimos muy afortunados y orgullosos de haber hecho este camino y haber llegado hasta aquí los mismos seis que formamos la banda. Llevamos 15 años juntos, es difícil mantener un grupo de música durante tantos años cuando cada uno tiene su trabajo, su familia, sus hijos… para nosotros eso ya es el éxito.
Después está la evolución de la banda. Si seguimos es porque siempre vamos dándole una vuelta de tuerca a las canciones, a nivel de sonido o de producción. Y sobre todo porque nos divertimos, si no, no estaríamos aquí. El éxito es el camino más que llegar y eso es algo que nos enriquece. Somos seis amigos ante todo, que comparten risas, kilómetros y vivencias. Es una parte importante de nuestra vida y aunque también nos peleamos seguir adelante es la parte bonita, digamos.
En la banda cada uno tiene su rol, no sólo el de tocar, sino también el de componer, el de conducir, el de estar pendiente de otras cosas… estamos engrasados, nos entendemos y sabemos de qué pie cojeamos cada uno. También nos ha salvado un poco el no pagar el alquiler sólo con la música, porque te hace no estar siempre a cuchillo para poder tener un rédito. Cuando empezamos jamás pensábamos que alguna canción nuestra pasaría del millón de reproducciones. Ahora tenemos un catálogo en Spotify que en total, pasa de los 25 millones, según con quien te compares eso también es éxito.
– “Mañanas de euforia” lo abre una canción que lleva por título “Salir a Ganar”, ¿es una declaración de intenciones de que con este álbum venís dispuestos a todo y sin miedo al fracaso?
– Tan importante es saber ganar como saber perder. De vez en cuando nos damos nuestras palmaditas en la espalda, hemos llegado hasta aquí y vamos a seguir saliendo a ganar aunque a veces no lo consigamos y perdamos.
– ¿Qué objetivos os habéis puesto por delante con este lanzamiento, os habéis fijado alguna meta?
– Ir un poco mejor que el anterior. Si que es verdad que en este disco hemos sido más ambiciosos y hemos planteado una gira de salas más grande. Hubiéramos podido presentar el disco en algún festival, pero en las salas todo tiene más mimo, porque no te tienes que ceñir solo a las canciones que la gente quiere escuchar.
– Si no contamos los discos de vuestra primera etapa, este sería ya el quinto álbum de Carmen 113. ¿A medida que pasan los años, vais siendo más exigentes y perfeccionistas con las canciones, o llega un punto en el que la sencillez acaba ganando la batalla?
– La sencillez acaba ganando la batalla, cada vez sabemos más lo que no queremos y ya no perdemos el tiempo con ciertas cosas. También le pillas el truquillo y no te enamoras tanto de tus ideas, cosa impensable cuando eres joven. La madurez te lleva a valorar más eso, otras cosas que antes quizá no valorabas.
– Desde el punto de vista musical siempre habéis destacado por manteneros fieles a vuestros principios sin atender a modas. ¿Podría ser la autenticidad vuestro bien más preciado como banda?
– Hoy en día es complicado ser auténtico al 100%. Cuando empezamos la gente nos comparaba con Vetusta Morla, Lori Meyers, Izal… y con el tiempo hemos conseguido un sonido Carmen 113 muy característico. Todas las canciones son distintas entre sí pero hay un hilo conductor en ellas que es la voz, la lírica y esa identidad que la gente ha aceptado y que sin querer hemos conseguido. Tenemos una narrativa bastante propia y a nivel musical hemos encontrado también el equilibrio entre las melodías o armonías vocales más melancólicas y la música electrónica. Incluso recordando sonidos muy ochenteros pero con la producción moderna de hoy en día.
– Hemos hablado mucho últimamente en nuestras entrevistas de cómo las letras de las canciones han ido cambiando con los años a temas más profundos y existenciales. ¿Qué importancia le dais vosotros al mensaje a la hora de componer una canción?
– Mucha, le damos muchas vueltas. Hay letristas increíbles en este país como Leiva, Santi Balmes, Quique González… Hemos vivido eso y hemos aprendido gracias a ellos a darle a las letras la importancia que se merecen.
– «Salir a Ganar”, por ejemplo. explora la vulnerabilidad como motor de la esperanza. ¿Es más fácil llegar al corazón del oyente cuando se escribe desde la honestidad?
– Eso siempre. Las letras de nuestras canciones están basadas en experiencias personales, después llevan un poco de fantasía, pero nacen de algo que es de verdad, no inventado. La gente hace luego suyas las letras y eso es lo bonito, que esa letra que has escrito por un hecho que te ha pasado, el oyente la hace suya por una ruptura amorosa, una pérdida que ha tenido, etc… Por ejemplo, cuando hicimos la canción de «Amarte» conocimos una pareja aquí en Madrid que se había conocido con esa canción, con los años se acabaron casando y nos enviaron una foto que en sus alianzas ponía Amarte.
– ¿Qué produce más satisfacción, ver como una canción enérgica pone a todo el mundo a bailar en un concierto o interpretar una canción profunda y notar cómo el público se emociona con el mensaje?
– Las dos cosas nos pasan, incluso que la gente se ponga a bailar y a llorar a la vez. Hay partes de los conciertos que la gente lo da todo bailando y canciones en nuestro repertorio como «Abrazos que curan», que el público siente suya. Es impactante ver cómo esa canción les llega tanto, eso también nos emociona a nosotros.
– “Hermosa Terapia” es un título que define a la perfección lo que significa la música para la mayoría de los artistas, ¿es también para vosotros la mejor vía de escape de los problemas?
– Esta canción habla del amor hacia el grupo. Nos merecíamos una canción así, para darnos las gracias entre nosotros por haber estado luchando tantos años para tirar adelante este proyecto. Es una oda a la amistad en toda regla que ha quedado muy chula. Y además, es una canción que le gusta mucho a la gente.
– En “Mañanas de Euforia” invitáis al oyente a hacer del dolor un ejercicio de reconciliación. ¿Se pueden llegar a cicatrizar todas las heridas emocionales, por muy profundas que sean?
– Depende. Cicatrizar sí, pero la cicatriz siempre está ahí. Por ejemplo, la canción de «Ya no duele» habla de una relación en la que ha habido una ruptura. Al final, con el tiempo las heridas han dejado el sangrar, pero la cicatriz siempre está ahí. Y siempre que la ves, te acuerdas de esa situación. Obviamente con los años el dolor cambia y cuando esa canción la vuelves a cantar, la revives desde otro punto de vista. Las canciones hablan por si mismas y a veces no solo te enseñan cómo estabas tú en ese momento, también cómo estás tú ahora. Nosotros nos abrimos en cada una y si quieres conocernos, simplemente escuchando las letras, sabrás muy bien cómo somos.
– Ya que hemos puesto la salud mental sobre la mesa, ¿Cuál sería para vosotros el mayor desafío al que os enfrentáis en vuestro día a día como banda, la inseguridad, la necesidad de aprobación externa o la propia autoexigencia de la que hablábamos antes?
– Nos cuesta lidiar mucho con las expectativas. A veces haces un disco y aunque estés convencido de que va a gustar, siempre esperas la aprobación de la gente para que te reafirme ese pálpito o ese instinto que has tenido. Y cuando pasa es brutal, pero cuando no pasa cuesta lidiar con eso. Ahora empieza el recorrido de este disco, lo empezamos a trabajar hace dos veranos, lo grabamos el verano pasado y lo sacamos en mayo. Es un trabajo de mucha constancia. Y cuando llega al oyente, todas esas canciones ya las tienes asimiladas. Para ellos es algo fresco, pero para ti no.
– En la letra de “Salir a ganar” decís frases como: “confía en ti, no dude más”. ¿Es el ser humano más dañino consigo mismo que las propias heridas que lleva dentro?
– Somos muy autoexigentes con nosotros mismos. En las redes estamos totalmente expuestos y nos exponemos porque todo el mundo lo hace. Eso puede causar mucho daño si no tienes la cabeza centrada. Mientras tú estés contento con tu trabajo, sea cual sea, y con tu vida, no te tienes que comparar con nadie.
– Las nueve canciones de “Mañanas de Euforia” llevan en su letra la palabra “no”. ¿No es un poco contradictorio tener tanta negatividad en un disco que apuesta fuerte por la luminosidad?
– No me había fijado en eso. Pues sí, para ser un disco positivo hay demasiados noes. Pero los noes también son positivos. Por ejemplo, «No me sueltes» habla desde el amor más primitivo. No es un no me sueltes por miedo, es un no de si me sueltas me quedo vacío y no tengo rumbo donde ir en mi vida.
– Como la ilusión de las primeras veces no hay nada. ¿Seguís manteniendo los mismos sueños de cuando empezasteis o ahora mismo lo único importante es disfrutar?
– Cuando eres joven sueñas con muchas cosas. Si pudiéramos hacer una carta a nuestros yo del pasado, no se creerían muchas cosas que han sucedido. Cada vez que nos subimos a tocar estamos igual de nerviosos que la primera vez. Y cuando acaba el concierto estamos igual de eufóricos. Y el sueño pasa por estar vinculados a la música durante tantos años. ¿Qué nos falta?. Petarlo mucho, pero es que quizás ese no era el sueño.
– Tenéis conciertos programados hasta febrero del año que viene. ¿No os genera ansiedad anticipatoria mirar tan lejos en el tiempo?
– Nos genera ansiedad que no sea ahora. Pero es verdad que con los años hemos aprendido que los tiempos hay que cuidarlos y saber cuándo sí y cuándo no. También para hacer una gira propia de conciertos hay que lanzarse, porque hay que coger fechas. Es el gran mal de la música en general, que siempre estás pensando en el futuro, hay que ser previsibles y hacerlo con tiempo todo. Aprendes a vivir con ello.
– Hay un refrán que dice. el día que comprendas que lo único que te vas a llevar es lo que vives, empezarás a elegir momentos y no excusas. ¿Podría servir como broche final a la entrevista?
– Esa frase tiene muchísima razón. Al final nos vamos a llevar experiencias, el recuerdo y el legado. Si algo he aprendido es que las pérdidas están más presentes que nunca. Mi padre, por ejemplo, desde que falleció lo recuerdo más y está vivo en la memoria. Al final haber dejado buenos momentos, ser una buena persona y que la gente cuando no estemos ya puedan gritar por nosotros. Eso será el éxito total.
– Muchas gracias chicos por compartir este ratito con nosotros. Os deseamos toda la suerte del mundo en vuestro proyecto musical. ¿Algo que queráis añadir y que os haya faltado por decir?
– Muchas gracias por vuestro tiempo. Si la gente quiere escuchar el disco entero, con su orden, ahí estaremos. Y si nos quieren venir a ver a tocar en nuestra gira que empezará en octubre, ahí estaremos abiertos a todo el mundo.