
Belén Turnes, «Para sostenerme en el vacío voy a los recuerdos»
«27 años no es nada», el nuevo disco de Belén Turnes, es un álbum sobre la memoria, la raíz andaluza y la sensación de vivir el presente como futuro recuerdo. Nace de una profunda reflexión sobre el valor de los momentos cotidianos y en él, combina una escritura melódica cercana al pop con elementos orgánicos y de raíz: piano, guitarras, palmas, cajón, bajo, coros y una voz situada en primer plano. En esta entrevista nos desvela todos los detalles que hay detrás de este lanzamiento.
Escucha la entrevista completa:
– “27 años no es nada” es el título de tu nuevo disco, ¿Cuál es la primera palabra que te viene a la cabeza al pensar en estas doce canciones?
– Refugio, calma o ternura.
– Nuestra última entrevista la cerramos con una frase que decía: “El día que comprendas que lo único que te vas a llevar es lo que vives, empezarás a elegir momentos y no excusas”. ¿Podría servir como punto de partida también para hablar de tu nuevo disco?
– Totalmente. El disco es ese momento en el que paras y el lugar al que vuelves para saber de dónde vienes, como buscar ese origen.
– “27 años no es nada” abre la puerta a tu infancia, a tu familia y a tus orígenes. ¿Es un disco hecho para recordar o para sanar heridas del pasado?
– Para recordar. Me interesaba mucho saber de dónde vengo. A veces suele pasar o a mí me pasa, que vuelves al pasado y lo idealizas. Este disco viene a ver el porqué de mi comportamiento hoy en día. Para ello busqué mucho en las generaciones pasadas, en mi abuela, en mi bisabuelo. Hay algunos versos de una canción que son sobre él y sobre lo qué pasó con la guerra en ese momento en mi pueblo.
– Mucha gente confunde la nostalgia con la melancolía. ¿Cuál de las dos está más presente en este álbum?
– Nostalgia, sin duda. De hecho en el disco hablamos de pre-nostalgia. Muchas canciones nacen de no vivir en el presente, sino en un futuro recuerdo. Pienso que esto es algo que me puede salvar en un futuro y estoy bastante obsesionada con estar en un momento feliz. Esa pre-nostalgia la trabajamos mi directora creativa y yo, quería hacer una foto mental de esos recuerdos, pero entonces, a la vez, tampoco estaba en el presente. Considero que a mí los recuerdos en muchos momentos me han salvado, viajar al pasado y decir, vengo de aquí. Bajo a tierra y me calmo bastante.
– La nostalgia es una manera de tener cerca lo que el corazón no quiere olvidar. Si tuvieras que parar el tiempo en un solo instante de todo lo que has vivido en estos 27 años. ¿A qué momento de tu vida nos iríamos?
– Hay muchos, afortunadamente. He tenido mucha suerte en la vida y una familia que me ha apoyado en todo. Hay una canción que se llama «Conocí la Palabra», que es un mantra que repite que la palabra la conocí a través de las mujeres de mi casa. Esa canción me sigue emocionando cuando lo escucho ya que me recuerda a mi hermana y a mí cantando una canción que nos cantaba mi madre. Ese recuerdo de las tres para mí es un abrazo inmenso. Y por eso este disco, nace de la necesidad de querer cerrar los ojos y estar en un recuerdo como ese, cantando las hadas.
– Han pasado ya casi seis años desde el lanzamiento de tu anterior EP, “Más vale ciento volando que pájaro en mano”. ¿Por qué hemos tenido que esperar tanto tiempo entre un trabajo y otro?
– Siento que ahora me estoy presentando a la industria musical. Antes hice arte dramático y estaba todos los sábados en una obra de teatro. Yo me siento actriz porque es lo que he estudiado y la música me venía de algo mucho más vulnerable, por así decirlo. He tenido la suerte de tener músicos buenísimos alrededor, que me han abierto las puertas desde el minuto uno. Hice el primer EP, pero un poco por la consecuencia de querer crear, y después fui haciendo conciertos. Hasta que un día dije, esto lo tengo que recordar. Quería grabar con los músicos con los que estaba en ese momento e ir a la obra, como tal, que para mí es muy importante como intérprete. Por eso ha pasado tiempo, porque es el momento en el que me apetece crear un concepto.
– “27 años no es nada” abre con un prólogo inspirado en tus abuelos y en tu herencia familiar. ¿Hasta qué punto es importante echar la vista atrás y recordar de dónde venimos para poder avanzar?
– Ha sido muy importante. Tiene que ver con la honestidad del artista, considero que si el artista comunica algo, tiene que hacerlo desde la verdad. Por eso la necesidad de saber de dónde vengo, todo vuelve a lo mismo. Y bueno, el prólogo lo lee Isma Pérez Quiroz, que es una pedazo de actriz malagueña que ha querido poner voz a un texto que escribí. Muy agradecida la verdad de que esté en el disco.
– Hay una frase muy visceral en ese minuto y medio de prólogo, que dice: “que alguien me sostenga tras el vacío que me ha dejado el sentir”. ¿Te daba vértigo mostrarte tan frágil y vulnerable en estas doce canciones?
– Por eso he tardado «tanto tiempo» en sacar el álbum. Es verdad que el prólogo habla de la sensación de subirte a un escenario, pero se asemeja un poco a la vida. Te subes al escenario y te sientes con muchísima energía y cuando bajas te sientes vacío, como cuando tienes un cumpleaños y se acaba el día. En ese vacío necesito que me sostengan y para sostenerme voy a los recuerdos. Me doy cuenta de dónde vengo, de lo que me precede y con eso vuelvo a empezar. Eso me calma.
– Shakespeare decía que «La vida no se trata de encontrarte sino de crearte a ti mismo. ¿Es la música para ti una terapia y una forma de decirte lo que necesitas oír?
– La música es una herramienta que he tenido mucha suerte de haber encontrado. También el teatro y el arte en general, pero ahí se necesita inevitablemente mucho equipo. En cambio, la composición la puedes hacer tu sola desde casa. Por eso he encontrado en ella un lugar bastante seguro al que volver.
– ¿Cuántas conversaciones contigo misma has necesitado para poner voz a estas doce canciones?
– He de decir que el concepto y los títulos de las canciones han nacido desde el diálogo con amigos y con mi directora creativa. Me fui a Suiza a dar clases de piano hace un año y medio y ahí fue cuando me di cuenta de que tiene sentido hacer música si se trabaja en equipo. Si no, es triste, sinceramente. Acabo de venir de Jaén, me han abierto la puerta en mi ciudad, he cantado una gala y me han hecho un montón de entrevistas. ¿De qué sirve hacer un disco si no pudiera llegar a la gente?.
– En el trasfondo de tus canciones se palpa esa nostalgia de echar de menos a tu familia y amigos en la distancia. ¿Estar lejos de casa es el precio más caro que has tenido que pagar por cumplir tus sueños?
– Me he dado cuenta tarde. Al principio me podía más la pasión de descubrir. Ese querer conocer otros pensamientos, hablar inglés y aprender. Después, cuando me viene ese vacío es cuando me doy cuenta de que lo que realmente me ha salvado siempre ha sido mi familia y la gente que tengo a mi alrededor. Es un precio que he pagado, pero también siento que lo hemos podido disfrutar conjuntamente.
– ¿En una época en la que lo artificial y lo no orgánico está tan moda, deberíamos aprender a valorar más la belleza de las pequeñas cosas que nos rodean?
– Sí, sin duda, eso me parece una afirmación.
– “27 años no es nada” es un álbum que busca también conectar con tu esencia. ¿Qué importancia tienen las raíces andaluzas en lo que es la identidad de Belén Turnes como artista?
– En el proyecto está teniendo mucha importancia porque me identifica. Cuando vuelvo a Jaén me siento una intrusa, le pasa a mucha gente que nos hemos ido tan pronto de casa. Y por el arte dramático el acento lo tengo extraño, entonces a veces no me siento de ahí. Pero después en Madrid soy la representación máxima de Andalucía. Es como estar en un lugar que vas construyendo buscando tu identidad. Jaén en concreto me ha dado las bases, mis valores. Eso no se me puede olvidar.
– Dicen que componer es la manera más terapéutica de poner en orden tu mente. ¿Tú que sientes cada vez que te pones delante de una hoja en blanco?
– Frustración, pero también bastante libertad. Me nace más escribir y después probar esos versos musicalmente. Y ahora me está gustando mucho también probar armónicamente distintos géneros. Este disco es el inicio de eso, aunque todo nazca desde música de raíz y cantautora. Por eso nos encontramos sintetizadores con referencias de La Plazuela, versos de Lorca o referencias a Silvia Pérez Cruz, Sabina o Natalia Lacunza.
– ¿Cuál sería para ti el sentimiento o la emoción más difícil de plasmar en forma de canción?
– La euforia. Me cuesta hacer canciones de un momento muy álgido. Mucha gente tiene una facilidad increíble para transmitirme cuando está con sus amigos gritando. Yo tiendo más a usar la herramienta de la música con la nostalgia, la tristeza, la añoranza o la alegría, pero desde el recuerdo. Me sirve la música para esto.
– ¿Es la mezcla entre tradición y vanguardia tu bien más preciado?
– Totalmente. Está muy de moda volver al pasado, pero a mí me suma coger cosas que me gustan a nivel estético o que me identifican. Lo material lo cuido mucho. No es tangible el disco pero lo será dentro de poco. Y es un pedazo de trabajo detrás. Hay que reivindicar esta ternura, es lo que he vivido y hay que compartirlo.
– Has mencionado a Lorca entre tus referentes. Lorca es uno de los poetas que más ha luchado por la libertad. ¿Es la música y el arte en general, el mejor altavoz para denunciar las injusticias sociales?
– A veces para quitarme presión me repito que no soy tan importante ni yo ni lo que estoy haciendo. Pero después me voy a lo que es la base en sí de la música y ha salvado muchas vidas. Es una pedazo de herramienta para comunicar cosas.
– “Paredes Blancas” es el testimonio de las mujeres criadas en un pueblo andaluz en época de postguerra y su similitud con una mujer en la actualidad. ¿Por qué hemos evolucionado tan poco como sociedad para que varias generaciones después tengamos que seguir visibilizando lo difícil que resulta ser mujer?
– Te lo agradezco mucho, la verdad. Esta canción no nació de querer reivindicar, nació como algo bastante natural. Conforme fui creciendo me di cuenta de la profundidad de las cosas, de lo que me contaba mi abuela, de esa historia… Viajé a la infancia con ella, en el sofá echándome la siesta, es lo que cuenta el primer verso de «Paredes Blancas». Mi abuela estaba allí cantando copla y de repente me dice que no podía salir de su casa hasta que no llegara su marido. Fue bastante catártico. Refleja mucho la realidad que sigue pasando en distintas generaciones. A lo mejor se verbaliza de manera distinta, o son otras acciones, pero la base viene a ser lo mismo. Y hay que hablarlo.
– En el videoclip de “Paredes Blancas” salen tu tía y tu abuela. ¿Qué significa para ti tener un pedacito de ellas dentro de tu proyecto musical?
– Es algo muy importante. Salen como veinte o treinta mujeres de mi pueblo de figuración: mi hermana, mi madre, mi tía, mi abuela… Realmente no eran conscientes de querer apoyar el proyecto como tal, eran conscientes de apoyarme a mí. Es un recuerdo para toda la vida que me parece precioso, la verdad.
– En la letra de otra de tus canciones, ‘París’, hablas de mirarte a ti misma con cariño. ¿Hasta qué punto es importante saber valorarnos a nosotros mismos para no caer en comportamientos autodestructivos?
– Mucho. «Paris» nace de romantizar la vida, me encanta y de repente quiero absorber todo de ella. Pero mirarte en el espejo y que te guste es algo importante, porque tienes que tener muy presente la humildad. Mi familia me ha inculcado de donde vengo y chocaba con dedicarme al arte, porque en el arte el mensaje es que tienes que destacar y contar algo que nadie cuente. ¿Por qué nace un comportamiento en mi de querer ser la chica perfecta que hace todo bien y que no molesta?. Siento que he tenido que luchar mucho contra eso para poder dedicarme a esto. Y no hay manera de llevar adelante un proyecto si no crees en él. «París» ha sido bastante sanador en ese aspecto.
– “París”, es la única canción del disco que tiene título escrito completamente en mayúsculas. ¿Es una forma de enfatizar el mensaje?
– «París» nació porque yo tenía la fantasía de crear un poema con todos los títulos. De ahí sale por ejemplo «27 años no es nada para cantarte toda la vida» con las tres primeras canciones. Es muy importante la literatura en este disco y siento que en concreto «París» tiene mucha personalidad. Por eso la he puesto en mayúsculas, para enfatizar el deseo de la vida. Yo me la imagino gritando «sí, vida, ven a mí».
– Ya que hemos puesto la salud mental sobre la mesa, ¿Cuál sería para ti el mayor desafío al que te enfrentas en tu día a día como artista, la inseguridad, la necesidad de aprobación externa o la autoexigencia a la que nos sometemos muchas veces nosotros mismos?
– La autoexigencia que me pongo yo. Soy muy perfeccionista y es algo que ahora me da un poco de pena. Hay que ser consciente de los logros, parar y ver qué has hecho, porque lo que ya tenemos es para celebrarlo. Ya vendrán más cosas, sí, pero hay que saber también dónde parar para no decirte a ti misma que no has hecho suficiente. Esto es algo en lo estoy trabajando constantemente. Ponte un horario y unos objetivos claros, porque si no, siempre vas a sentir que no es suficiente.
– Este disco ha sido autoproducido por ti. Siendo tan autoexigente y perfeccionista como dices, ¿Qué desafío ha sido más complicado, componer y producir tú misma todas las canciones o darles visibilidad una vez han salido a la luz?
– Ha sido más difícil poder mostrarlo en redes. Producir ha sido un camino precioso. Al principio me daba mucho miedo grabar algo con un resultado bueno, pero cambié el chip y dije vamos hasta donde lleguemos, lo que sea estará bien. Hice las maquetas en casa para tener una idea de lo que quería grabar y allí en el estudio confié en toda la gente que me ha rodeado. El hecho de sostenerse en un equipo es precioso: confiar en la persona que va a hacer la mezcla, en la que va a grabar la guitarra, en Fiona para el diseño gráfico. Con este perfeccionismo hay que recordarse bien.
– Y una vez tenemos el disco sobre la mesa, ¿Qué otros proyectos te quedan por delante para esta segunda mitad del año, habrá gira de este nuevo disco?
– Estoy cerrando dos conciertos grandes, en Madrid y Jaén. Y me apetece que tengan que ver con el teatro, con algo de regalo y que sean interesantes a nivel artístico, como te he dicho antes. Empezaremos también a mandar la propuesta a festivales y cuando saquemos el merchandising lo presentaremos en directo. Estoy con muchas ganas de seguir en otros proyectos artísticos que me hagan nutrirme. Ahora hago una obra de teatro en octubre por ejemplo. Hay que estar en el fango siempre. Y con muchas ganas de hacer directos, que me parece como el porqué de hacer música.
– “27 años no son nada” pero pueden ser muchos si has vivido la vida con intensidad. ¿Cambiarías algo de lo vivido en todo este tiempo?
– No quiero poner el foco ahí. A nivel vital me parece más interesante pensar en disfrutar en vez de arrepentirme de cosas. Obviamente me ha llevado a donde estoy ahora mismo y estoy tremendamente feliz y agradecida.
– ¿Qué consejo le darías a esa Belén que se subió por primera vez a una escenario si la tuvieras ahora mismo delante en base a la experiencia?
– Le diría que cuidara mucho a su gente. Y que confiara en ella misma, va a ser un camino divertido y vamos a ir aprendiendo como a disfrutarlo.
– Siendo este un disco que pone voz a los recuerdos, ¿Qué recuerdo te gustaría que le dejará a la gente que lo escuche con el paso del tiempo?
– No sé si puede generar eso el disco, pero mi fantasía es que vuelvan a la infancia o a un momento que quisieran recordar con muchísima fuerza. Y otra cosa que me gustaría es que encontraran esa ternura, un espacio para poder apoyarse, parar un poquito y acompañarse mientras estén algo agobiados.
– Hay un refrán que dice: “Cuando las palabras fallan, las emociones encuentran su lugar”. ¿Podríamos poner el broche final a la entrevista diciendo que “27 años no es nada” es ese lugar seguro al que volver para encontrar la calma?
– Sí, de hecho se lo voy a repetir a mí yo del futuro, que vuelva a esas canciones y al origen del porqué de las composiciones para encontrar la calma. Y que se refugie en ellas cuando le vengan tiempos difíciles.
– Muchas gracias Belén por compartir este ratito con nosotros. ¿Algo que quieras añadir y que te haya faltado por decir?
– Nada, muchas gracias a vosotros por todo.