Cristina Llanos, del cielo a los infiernos

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Cristina Llanos, del cielo a los infiernos

La historia de Dover es la de un fenómeno irrepetible. Dos mujeres al frente de una banda de grunge, letras en inglés y un sonido ensordecedor pronosticaban a la banda un lugar en la música bastante alejado del mainstream. Pero la realidad fue muy distinta: su álbum «Devil Came to Me» reventó las listas de ventas con casi un millón de copias vendidas. Y en apenas unos años ya tenían cinco discos de platino, un Premio Ondas y hasta un álbum recopilatorio publicado por un sello japonés.

En una era donde no existían aún las plataformas digitales, Dover había derribado un muro infranqueable para una banda de música independiente. Pero no todo fueron luces en el camino. Y así lo ha revelado su fundadora, Cristina Llanos, en su libro «La noche cayó y ya nadie pudo salvarme». En él, la vocalista habla de soledad, violencia, trastornos con la comida, cultura de la violación, drogas o salud mental. Todo en un relato único, honesto y desgarrado que no deja indiferente a nadie.

El éxito de Dover recordaba al que años antes consiguió en Estados Unidos otra banda de rock alternativo, Nirvana. Las referencias con el grupo liderado por Kurt Cobain no fueron casuales. Amparo llevó a su casa el disco «Nevermind» tras un concierto de Pearl Jam y ese fue el detonante para montar el grupo. Dover adoptó la estética, las guitarras afiladas y el sonido potente, enérgico, intenso y distorsionado de los de Seattle. También la crudeza, rabia y visceralidad de sus composiciones.

Cristina le dedica a Cobain algunas páginas de su libro. Ella tenía 18 años cuando él decidió quitarse la vida y apenas unos días antes fue agredida sexualmente. Dover fue su vía de escape y lo que le ayudaba a sobrellevar los problemas psicológicos. Aquel trauma no fue el único. Cristina también sufría maltrato físico en casa y tenía que lidiar con un trastorno alimenticio que e ha deparado problemas gástricos y que ella misma califica en el libro como «el virus de la aniquilación femenina».

«La noche cayó y ya nadie pudo salvarme» no solo arroja oscuridad. Cristina también tiene tiempo en la obra para dedicarle palabras de amor a la que ha sido siempre su sostén: su hermana Amparo. Las dos padecen otra enfermedad genética, fibromialgia. Ese fue uno de los motivos por los que la carrera de Dover terminó. El otro fue el desgaste y un éxito mediático que fue en declive, al alejarse la banda del sonido de sus comienzos y dar paso a una etapa y canciones más electrónicas.

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