
Sergio Alzola, se apaga la voz de un artista poético e innovador
«Soy agua, el mar de Las Canteras de mi infancia». Con esta metáfora autobiográfica abría Sergio Alzola una de las canciones de su segundo disco, «Agua». El canario encontraba en los acordes de su guitarra una forma artística y poética de poner voz a sus sentimientos, de dialogar con los latidos del salitre para murmurar al alisio de la tierra en la que nació. Este miércoles su voz se apagó para siempre, dejando a la canción de autor huérfana de uno de los músicos que más abrazaba su riqueza.
Sergio no buscaba únicamente ser escuchado, trataba de generar un diálogo con quienes recibían sus canciones. Su mirada estaba siempre dispuesta a abrir nuevos horizontes más allá de su isla, y así, hermanaba pueblos y culturas con su palabra. Pero no solo conectaba tradiciones a través de la canción de autor, su universo creativo se retroalimentaba de ese mestizaje, reconociendo en otras culturas los ecos de la nuestra. Usando las letras como relato y la guitarra como un espejo del alma.
Este mismo año había publicado su último disco, «Canaribeando», un viaje sonoro que reivindicaba la identidad de las Islas Canarias como ese trasiego incesante de cultura entre España, Europa y el Caribe. Nació de las experiencias y vínculos que fue construyendo en lugares como Puerto Rico o República Dominicana, territorios que tuvieron un importante peso en su obra. Incluyendo temas como «Eladio Monroy», dedicado al personaje central de la trayectoria literaria de Alexis Ravelo.
Alzola era un artista sensible, indomesticable por las modas y ajeno a la vorágine de la industria musical. El canario entendía que la música estaba presente en cada palabra y nos deja un acervo cultural de gran contenido literario, influenciado por autores destacados de la literatura hispanoamericana, como Oliverio Girondo, Julio Cortázar o Jorge Luis Borges. Era el retrato de un artista que ofrecía en cada una de sus composiciones muestras de poseer un rico mundo interior.
Descanse en paz.