
El modelo insostenible de la industria musical
La forma en la que se consume la música hoy en día dista mucho de la que existía en los años noventa. Vivimos en la era de la inmediatez, de los singles sin contexto. El recorrido de las canciones cada vez es más corto y muchos artistas se ven obligados a estrenar «algo» nuevo cada poco tiempo para no perder el foco. Si a eso le sumamos el dichoso algoritmo y la dependencia de los números que tienen los artistas la situación empieza a volverse completamente insostenible.
No solo los medios de comunicación nos encontramos desbordados ante esta nueva era de la industria. También las agencias de comunicación, los sellos, las promotoras, los oyentes e incluso los propios artistas viven con incertidumbre las nuevas «reglas del juego». Era cuestión de tiempo que todo estallara por los aires. Aunque lo ha hecho por el lado que menos nos gusta, afectando directamente a la salud mental de los artistas y llevándose por el camino a su primera víctima: Carmen Boza.
La gaditana ha emitido un comunicado anunciando que se retira de los escenarios. Lo hace para proteger su salud mental frente al «ruido» de las redes sociales y una industria musical tóxica que prioriza las cifras por encima de la calidad. Las nuevas formas de promoción que exigen estar en activo permanentemente es otro de los detonantes. Un ritmo agotador que deja en segundo plano el espacio creativo del artista al tener que atraer la atención del público con otro tipo de contenidos.
¿Qué podemos hacer para revertir esta situación?. El paradigma es complejo ya que parece fácil acabar con la gallina de los huevos de oro. Pero las discográficas y la industria también deben entender que pese a que el modelo de negocio ha cambiado, los artistas forman el primer escalón de la pirámide. Y sin ellos, los cimientos se caen por su propio peso. Por eso quizás, lo más inteligente sea revalorizar la música, disfrutar a pequeños sorbos de ella y volver a apostar por el auténtico talento.