
Marshall Flash, «La creatividad está comprometida por la demanda»
Energía, electricidad y sentimiento, son tres palabras que definen la propuesta musical de Marshall Flash, un artista cuyo contenido se basa en crear canciones y atmósferas musicales desde cero. Su nuevo disco, “Relativa Sencillez”, es un viaje a través de las primeras impresiones y las sensaciones sinceras. En esta entrevista nos cuenta todos los detalles de un disco lleno de pasajes delicados y momentos en los que las guitarras y los sintetizadores juegan el papel principal.
Escucha la entrevista completa:
– “Relativa Sencillez” es el título de tu nuevo disco. ¿Cuál es la primera palabra que te viene a la cabeza al pensar en estas diez canciones?
– Transformación, crecimiento… Vengo del mundo de la guitarra y he sacado un disco de pop-rock con sintetizadores. Transformación sería la palabra.
– El título responde a un conjunto de canciones que nacen de primeras tomas e impulsos emocionales que no buscan aprobación. ¿Hacer las cosas sin pretensiones hace que todo lo que se consiga se valore mucho más?
– Sí, desde luego, y de hecho hace que todo tenga sentido. «Relativa Sencillez», al fin y al cabo, ha sido el último concepto que se ha elaborado del disco. Hice primero las canciones y luego ya pensé en el nombre. Y como bien has dicho, sin pretensión ninguna empecé a crear una colección de melodías y estructuras relativamente sencillas. Sin necesidad de haber sido opulento en cuanto al concepto.
– Hay un refrán que dice: “La verdad y la sencillez forman la mejor pareja”. ¿Es la honestidad emocional una de las virtudes que tiene también este disco?
– Sí, porque emocionalmente me abro en canal. Hablo de realmente cómo me siento, del camino hasta llegar a este punto emocional. Como dirían todos los cantautores, este es mi disco más personal. Pero literalmente es eso.
– No hay nada más puro que una primera sensación. ¿Eres de los que cree que la belleza de las cosas nace de ese instante en el que dejamos de intentar entenderlas para empezar a sentirlas?
– Sí. Y de la imperfección inherente que tiene algo que acaba de nacer sin un propósito pensado. El arte es esa bombilla. Hay obras muy pensadas y otras que salen prácticamente de la nada. Incluso la propia naturaleza nos lo regala: un pájaro cantando que te inspira, el viento, el sonido de la lluvia… Desde luego que sí.
– El disco comienza con “Luna Nueva”, un título que simboliza un cambio de ciclo. ¿Es una manera de marcar distancias con tu pasado y cerrar vínculos con tu anterior etapa musical?
– Se puede ver así. «Luna Nueva» es uno de los estandartes en cuanto a concepto y sonido. Mi antigua etapa era todo energía. Y esta canción representa ese rollito steady de, vamos a 108 bpm, para el que quiera sacar un tap meter y comprobarlo es un ritmo más sosegado. Son cosas a las que yo no acostumbraba. Me he querido diferenciar de mi antigua etapa con el recurso de los teclados y las melodías.
– ¿Y qué te aporta a nivel personal y profesional este nuevo proyecto en solitario como Marshall Flash que no te aportara Royal Flash y viceversa?
– La diferencia es fácil, Royal Flash era un grupo y Marshall Flash, digamos que es mi full proyecto. No es ego, ni necesidad de atención, pero necesitaba vitalmente como artista que llevo desde los cinco años haciendo canciones, tener mi propia identidad. Eso y existir. Marshall Flash existe porque Miguel Ángel quería existir más allá del nombre de un grupo, de ser el cantante o el guitarrista de.
– “Relativa Sencillez” se basa en la premisa de atreverte a intentar hacer lo que no habías hecho nunca antes. ¿Es un acto de valentía o de inconsciencia?
– Es un acto de inconsciente valentía. No he recibido críticas, pero sí hay gente que cuando he sacado alguna canción más rockera en esta etapa han dicho: «por fin has vuelto a coger la guitarra». A otras en cambio les gusta este giro. Al final son canciones que te pueden hacer sentir algo. Lo que me apetecía era plasmar todas mis emociones en ellas y hacer lo que me apeteciera, básicamente.
– Antes hemos comentado que uno de los secretos de este disco ha sido hacer las cosas sin pretensiones ni expectativas. ¿Se disfruta más el proceso abrazando a la incertidumbre que intentando tenerlo todo controlado?
– El proceso se disfruta como artista independiente con un gran equipo que soy. Se sufre, pero yo no sé lo que es sacar un disco con una major detrás o con una discográfica grande. Seguro que hay parte de la magia que se pierde, en cierto modo. En cambio, si tú vas haciendo cosas todos los días y desarrollando tu marca, obviamente lo vas viendo crecer cada día y cada mini victoria, va a la gloria.
– Dicen que la libertad de un artista comienza donde termina su zona de confort. ¿Alguna vez has dejado de intentar o de hacer algo por miedo a saltar al vacío?
– En este disco está perfectamente plasmado el concepto de me da igual. La idea, de hecho, era esa, que hubiese un montón de colores.
– En más de una ocasión te has definido como una persona muy melancólica. ¿Son las canciones para ti una terapia y una forma de decirte lo que necesitas oír?
– Lo que necesito oír desde luego, y muchas veces también lo que necesito decir. Hay gente que cuando está pasando por un proceso o se siente de una manera especial se pone a pintar, a leer o a dibujar. A mí las canciones me sirven de terapia, no te curas, pero hay una gran parte de carga que sale.
– Hay gente que confunde la melancolía con la tristeza. ¿Cuál de las dos es para ti más inspiradora a la hora de ponerse delante de una hoja en blanco a componer?
– Estoy intentando que la melancolía pero, por desgracia, la tristeza siempre nos activa a todos el chip creativo. Y me gustaría que fuera la melancolía porque te permite estar un poco triste cuando estás alegre. Y este álbum habla de carretera, de viajes, de volver a casa… ese toque melancólico salvo en alguna canción está todo el rato. Es una melancolía esperanzadora, obviamente hecha por un hombre triste.
– ¿Cuál sería para ti el sentimiento o la emoción más difícil de plasmar en una canción?
– Relacionado con lo que te acabo de decir te diría que la alegría. Lo malo siempre sirve para recrearse, pero hacer una canción feliz, creértela siempre y no sentir que estás mintiendo mientras la cantas… es difícil.
– En el disco dedicas una canción a los poemas de la almeriense Patricia Alonso, ¿de dónde nace esta idea de fusionar música y poesía?
– Básicamente porque me enamoré de ella y descubrí un libro que se llama «Delirios y Éxtasis», que lo publicó hace 10 años. Empecé a leerlo y a escribir frases inspirado por sus ideas. Lo hice sin decirle nada, pero le pareció bien.
– En una era dominada por lo digital y los algoritmos. “Tus poemas” explora la idea de que las palabras son la forma más honesta de comunicarnos. ¿Por qué vivimos más conectados que nunca en lo tecnológico pero cada vez nos sentimos más solos?
– Porque te acostumbras a lo que tienes a mano y deja de tener valor. Ha pasado con todo y ahora está pasando también con lo físico. Los discos de música se van perdiendo porque nos acostumbramos a tenerlos grabados, pirateados… Y pasa también con las relaciones sociales de nuestra vida. Tienes el WhatsApp de tu tía, de tu sobrino, del amigo que hiciste en la vacaciones de Benidorm en 1999… Pero el calorcito humano de quedar a una hora con ellos sin móviles se está perdiendo.
– En la letra de otras “El Extraño” exploras el sentimiento de desesperación que conlleva desaparecer del mapa de otra persona. ¿Son las heridas emocionales como ésta, más difíciles de cicatrizar que una física?
– Las heridas físicas cierran más rápido que las emocionales, el problema son las cicatrices que dejan. Algo en la cabeza no es como un raspón en la rodilla, de hecho, hay cosas que te vuelven a visitar del pasado y te machacan justo cuando estás a punto de dormirte.
– “El Extraño” te recuerda todo lo que no quieres ver cuando te miras al espejo. ¿Alguna vez te has mirado tú en uno y no has reconocido a la persona que estaba ahí mirando al otro lado?
– Como todo el mundo he pasado épocas complicadas en las que te das cuenta que tienes que tomar las riendas de tu vida. Y es duro. Es duro mirarse al espejo y no reconocerse, aunque estés igual que el día anterior.
– En la letra de “2 de enero” dices “Aún quedan por idear canciones sin terminar”. ¿Qué importancia tienen los silencios o lo que no se dice en tus letras?
– La verdad es que muchísimo. Me gusta ser ciertamente abstracto con los mensajes y prefiero que el oyente o la persona que está escuchando la canción monte su propia aventura mientras lee la letra.
– Hemos hablado mucho en nuestras entrevistas de la autoexigencia o la presión a la que estáis sometidos muchas veces los artistas. ¿Cuál sería para ti el mayor desafío al que te tienes que enfrentar en tu día a día?
– Trascender. Estamos en una industria petada de artistas, canciones y lanzamientos. O conciertos, que para los que vivimos en Madrid es una locura. Lo más complicado es hacerse un hueco duradero ahí. El hecho de seguir al día siguiente trabajando con las mismas ganas, con la misma pasión y con la misma fuerza es el mayor desafío.
– “Relativa sencillez” es un disco que hace bueno el dicho de “yo me lo guiso, yo me lo como”, ya que salvo alguna pequeña ayuda has grabado tu todo. De todas las fases por las que has pasado hasta tener el álbum completo, desde la composición de las canciones a la grabación o la promoción. ¿Cuál es la que te ha dado más quebraderos de cabeza?
– La grabación. Es un disco que yo maqueteo y preproduzco en mi estudio de streaming y luego voy a un estudio profesional con Santi Fernández de Los Secretos. Tardamos poco en encontrar el punto en común. Hemos intentado multiplicar por 10 el valor que tenía la maqueta y lo hemos conseguido a lo bestia, porque las canciones son igual de fieles que el día que las compuse preservando la primera esencia.
– ¿Da más satisfacción el resultado cuando formas parte de todo el proceso creativo?
– Sí, desde luego. Es mi disco, son mis canciones y para venir aquí y hablar absolutamente sinceramente de ellas tengo que haber estado todo el rato delante. Soy el jefe y el jefe tiene que estar en el bar para que el bar vaya bien.
– Muchos artistas que han pasado por aquí, se han quejado de esta nueva forma de consumir música que hay ahora mismo, que hace que tengáis que sacar canciones cada muy poco para no perder el foco. ¿Es la cultura de la inmediatez el enemigo más silencioso de los artistas?
– Sí, aunque todos somos partícipes de ese sistema. Mi disco para mí sigue siendo nuevo, pero a ojos del mundo ya no lo es porque tiene unos días, eso duele. Hay que sacar los discos en enero porque así están todo el año vivos.
– Canciones como “El extraño” o “Para ti” resaltan el valor de la autenticidad. ¿Hasta qué punto consideras importante tener un sello de identidad propio para conseguir triunfar como artista?.
– Hoy en día tener un sonido propio puede venir muy bien en algunos estilos, pero en otros puede ser una cagada. Yo creo que la creatividad está comprometida por la demanda. A todos nos cuesta escuchar música nueva y ya no tenemos esa voracidad y esas ganas de descubrir cosas. Se ha ido perdiendo con los años.
– En “Palabras”, otra de las canciones de este disco, hablas de lo importante que es reflexionar sobre lo que piensan los demás de nosotros. ¿No puede ser un arma de doble filo ya que si le das demasiada importancia puedes acabar moldeándote en función de las expectativas ajenas?
– Esa canción es un cañonazo psicodélico tremendo. Hay que tener en cuenta siempre lo que piensan de ti pero no actuar a medida de ello.
– “Palabras” es una joya oculta en tiempos de confusión. ¿Seríamos más felices si valoráramos los abrazos y las pequeñas cosas tanto como las frustraciones?
– Desde luego, pero lo malo siempre pesa más que lo bueno. Eso es así.
– ”Último día de vacaciones” aboga precisamente por disfrutar la vida al máximo. ¿Es la mejor canción para resumir un disco cuya única premisa ha sido ser hecho para disfrutar?
– Para mí es uno de los estandartes del disco porque aúna ese espíritu. Es claramente uno de los indicativos de que este disco está hecho para divertirme.
– No todo es tan positivo dentro del disco ya que “La distancia” por ejemplo, es una canción que habla del amor, la pérdida y el peso de lo que no se puede sostener. ¿Te cuesta mucho quitarte la coraza y mostrar ese otro lado más vulnerable en las canciones?
– Me encantaría, pero soy una persona que cuando está triste lo primero que dice es «hola, estoy triste».
– Ya para ir terminando vamos a mirar hacia el futuro. En poco más de un mes estarás presentando este nuevo disco en la sala del Perro de la Parte de Atrás del Coche de Madrid. ¿Qué sorpresas se va a encontrar la gente que vaya a este concierto?
– Nos vamos a encontrar a una banda, Marshall Flash y los hijos de la electricidad, que es así como los he apodado después de que accidentalmente metieran el dedo en el enchufe. Músicos de diez con un corazón y una personalidad increíble. Lo primero que la gente va a percibir es que le hemos dado otro enfoque a esas ideas que han salido de mi cabeza. Y luego, a lo mejor va a haber canciones nuevas.
– Imaginemos que alguien se incorpora ahora y no ha oído nada de lo que hemos hablado en esta entrevista. ¿Cómo le convencerías para que vaya el 23 de abril a verte en directo?
– En tiempos de arte igual poco sincero, Marshall Flash es un proyecto hecho con el corazón. Pensado para el absoluto disfrute de los que están involucrados en él y de los que lo reciben. El día 23 es el bautizo, no se lo pueden perder.
– ¿Algo que quieras añadir y que te haya faltado por decir?
– Nada, daros de verdad las gracias. Quien quiera disfrutar de Marshall Flash puede escucharme en Spotify, ver mis videoclips en YouTube o buscarme en Instagram. Y si todavía quieres saber más de mí puedes conectarte a Twitch, la plataforma de directos y buscarme allí como Marshall Flash Music.