
Guillem Roma, “No hay que tener miedo a fracasar”
Guillem Roma es un artista al margen de toda etiqueta. En una escena actual donde la autenticidad es un tesoro, el cantautor barcelonés brilla con luz propia, construyendo puentes sonoros entre mundos que, en sus manos, encajan a la perfección. «Ritual d’expropiació« es su disco más electrónico y más político. En él reivindica el amor, la empatía y la comunidad en un mundo marcado por la desconexión. En esta entrevista nos desvela algunos secretos de este lanzamiento.
– Después de la publicación de último disco acabas de lanzar un single que lleva por título “Tú y yo”. ¿Cómo lo definirías en pocas palabras?
– Es un single que habla de deshacer los límites que nos separan. El amor puede ser una moneda para abrir una puerta y conectar con el otro, pero conectar de tal forma que tú puedas ser el otro y el otro pueda ser tú, es lo más bonito. Hay que dejarse llevar por ese amor.
– Armando Manzanero decía que los boleros son sinónimo de poesía. ¿Qué tiene este género que es capaz de evocar tantos sentimientos juntos?
– Yo estoy enamorado de este género. Tiene el poder de canalizar la emoción profunda del amor y del desamor con una elegancia brutal. No sé por qué, pero a mí, cuando tengo que hablar de esos temas, me sale hacerlo a ritmo de bolero.
– Esta canción ya estaba incluida dentro de tu último disco «Ritual d’expropiació«, ¿Por qué has querido darle ahora una segunda vida?
– Porque sentí que necesitaba un espacio distinto. Normalmente sacas un disco entero y hay mucho contenido dentro de él, pero también de repente, hay canciones que quieres que resalten un poco más. Aprovechando que está canción estaba solo en el disco físico y que quería también hacer un videoclip, le dimos ese espacio para poder empaquetar el mensaje de que el amor es una de las llaves para expropiar. Eso es de lo que va el disco, de salirse de uno mismo para conectar con el todo.
– En la letra de “Tú y yo” hablas de deslimitar el yo como receta para salir del ego. No es un poco paradójico promocionar una canción sobre salir del ego en una industria como la musical diseñada para alimentar el ego de los artistas?
– Totalmente. Yo vivo siempre en una paradoja constante. Ahora estoy hablando de mí mismo, de mi proyecto y ese yo artístico tiene que ser grande porque en una industria a veces hostil, hay que creérselo y tener la energía suficiente para soportar un proyecto. Pero a la vez, mi música es una receta para luchar contra eso.
Y son mensajes que me digo a mí mismo: Recordarme que no somos tan importantes, como dice la canción de «Tú y Yo». Somos estrellas fugaces y lo que cuenta es la vida que nos atraviesa, no lo que hagas. Es esa cosa más impersonal que nos conecta con lo que somos y con la parte colectiva de lo que es humano.
– La moraleja que nos deja la canción es que hay que aprender a escuchar más a los demás. ¿Por qué solemos pensar que siempre tenemos la verdad absoluta nosotros?
– Vivimos en un mundo donde estamos todos muy atomizados socialmente y con un individualismo potenciado por las redes sociales. Acabamos hablando de uno mismo todo el rato y nos cuesta mucho desarrollar la empatía. Mi propuesta con este disco es despertar las ganas de escuchar. Esa es la principal condición para poder empatizar y conectar con los demás, para enamorarse, deslimitar el yo y encontrar que fuera de uno mismo, cuando te encuentras con tus amigos o con la familia, es donde pasa la vida.
– Dicen que las canciones son el eco de las batallas que libramos en silencio. ¿Tienen también para ti ese componente catártico y terapéutico?
– Para mí la música siempre ha sido terapia y yo la utilizo mucho como eso. En ese sentido, mis canciones son pequeñas recetas para recordarme las cosas importantes. Vivimos en un mundo donde hay mucha hostilidad y a veces uno necesita sitios donde agarrarse. La música es uno de esos sitios, un salvavidas para soportar este mundo rápido, moderno, que a veces pasa de puntillas por las cosas.
– ¿Es la música también el altavoz más potente para decir verdades?
– Yo creo que sí. El arte y la cultura tienen una forma de contar la realidad que puedes lanzar mensajes potentes sin que parezcan consignas duras. Trabajamos con la belleza y lo abstracto, pero eso no quiere decir que no podamos soltar mensajes profundos. Ahí está la magia del artista, poder sentir los tiempos y comunicar esos mensajes de una forma bella, que tú puedas estar bailando pero a la vez te entre ahí la reflexión.
– ¿Cuándo empieza un artista a ser completamente libre, cuando aprende a decir que que no o cuando deja los miedos aparcados a en el cajón?
– Apartar los miedos es importante en el arte. No hay que tener miedo a fracasar ni a probar cosas distintas, ni a salirse de las fórmulas… Es ahí, en ese momento vulnerable cuando la creatividad también revive.
– Tu álbum “Ritual d’Expropiació” lo presentabas como un manual de supervivencia para un mundo individualista. ¿De donde salen reflexiones más profundas para componer, de observar las pequeñas cosas que nos rodean o de una conversación con uno mismo al final del día?
– Diría que es una mezcla de las dos cosas. Yo tengo una forma de inspirarme que tiene que ver con lo que pasa alrededor, no tanto con lo que me pasa a mí por dentro. Desarrollar la facultad de la escucha y poner la antena todo el rato, también te hace ver cómo te sientes tú. En mi música hay mucho de análisis social y de buscar esa forma de sobrevivir a este mundo escribiendo pequeñas recetas.
– El disco también dispara dardos contra el narcisismo de las redes sociales. ¿Por qué estamos más conectados en lo tecnológico pero cada vez nos sentimos más solos?
– La tecnología es una trampa si no la sabes utilizar bien, sobre todo las redes sociales. A ti te parece que estás más conectado, pero en realidad cada vez estamos más solos. Vivimos en la superficialidad y todo va tan rápido que esa superficialidad nos deja un poco a la deriva. No hay raíz, no hay peso, las cosas pasan y vas perdido. La conexión viene cuando existe el peso y no tienes el móvil delante.
– Hace algunos años dijiste en otra entrevista que la música es una materia prima muy sensible que merece cariño y dedicación. ¿Es compatible esa filosofía de vida musical con el ritmo frenético y la inmediatez con la que se consume ahora mismo todo?
– Sí. Yo los últimos trabajos musicales los he planteado siempre como una especie de mapa de reflexión. Son pequeños libros que te puedes apropiar de ellos.
– Hay un estudio que dice que las canciones de hoy en día hablan casi todas de problemas de salud mental, amor o desamor. ¿Echas de menos inquietudes más filosóficas en las nuevas generaciones?
– Hay mucha música hecha por gente joven que de repente digo: “¿De dónde has sacado esa frase?”. En ese sentido, hay talento floreciendo a todos los niveles. Pero es verdad que a mí me gusta la reflexión filosófica y a veces según qué tipo de música, sobre todo en el mainstream, es difícil encontrar eso. Yo no pierdo la esperanza.
– «Ritual d’expropiació» es ya tu sexto disco. A medida que pasan los años, ¿va siendo uno más exigente y perfeccionista con las canciones o llega un momento en el que la sencillez acaba ganando la batalla?
– Después de seis discos no es que me la sude un poco todo, pero sí que tengo esa libertad de hacer lo que quiera, porque ya no tengo que demostrar nada. Uno tiene que hacer sobrevivir el proyecto, sostenerlo y conseguir que funcione, pero ya no tiene el peso que tenía en el principio. Antes tenía la expectativa o la necesidad de que lo petara. Ahora en cambio, estoy libre de este peso. Eso yo creo que creativamente es muy necesario, porque pierdes el miedo a explorar nuevos territorios.
– ¿Cómo trasladas el concepto al disco para que siga manteniendo su esencia?
– Una de las cosas que me motiva más de este disco y de este proyecto es que he incluido danza, con dos chicas que bailan con nosotros. La música y el baile son dos disciplinas artísticas que cuando las mezclas se potencian entre ellas. Al final si escribes una letra, al ponerle movimiento, sumas una capa más de significado. De repente brilla más la danza y de repente brilla más la música. Eso me parece muy guay.
– Einstein decía que las personas que siguen a la multitud no van a llegar nunca más allá de la multitud. ¿Podemos poner el broche final a entrevista diciendo que la autenticidad es el bien más preciado que tiene este disco?
– Yo creo que sí. Para mí es un elogio decir que no tengo etiqueta porque esa es mi marca personal, me hace original y me gusta que sea así.