
«Todo Arde», la apuesta por la autenticidad de ZIRO
ZIRO inicia una nueva etapa discográfica con el lanzamiento de «Todo Arde», su segundo álbum. En él, la banda zaragozana vuelve plena de forma e igual de inspirada y acertada, apostando por canciones que parecen alejarse de los típicos estereotipos del rock. No hay estridencias ni gritos desesperados. Tampoco excesos y hedonismo. En su lugar aparecen elementos como el saxofón y la flauta travesera, que aportan matices diferentes a los de una instrumentación de rock convencional.
Son en total diez canciones que conviven entre la vulnerabilidad, la nostalgia, el desamor o la incertidumbre. ZIRO parte de esas emociones para equilibrar la intensidad sentimental con la energía. Así afrontan sensaciones como el duelo, los recuerdos, la dificultad de aceptar los cambios o la importancia de valorar lo vivido. Pero no todo parte de la oscuridad y el dolor. También hay espacio para la celebración y esos momentos en los que la música se convierte en una vía de escape.
El disco arranca con «El Festival», el tema que dio el volantazo a su sonido. En él, ZIRO reivindica la libertad, la euforia y la magia de compartir la música con otras personas. Es la cara más optimista del disco, pasando las preocupaciones a un segundo plano. Tras él llega «Precipicio», una metáfora del impulso y el crecimiento personal. Refleja el conflicto entre la seguridad que nos da lo conocido y la incertidumbre que provoca salir de nuestra zona de confort para dar un paso hacia algo nuevo.
«Tengo Resaca de Ti», «Impacto» y «Luna» hablan de vínculos: la huella que duele, el amor como refugio y el intento de sostenerse cuando todo tiembla. No se trata de idealizar el pasado, sino de reconocer que superar una ruptura no siempre es tan sencillo como aceptar que la relación ha terminado. La cara opuesta la firman «Adiós, Cariño» y «Todo Arde». Dos canciones que giran alrededor de la necesidad de cerrar etapas y aceptar que determinadas historias deben llegar a su fin.
Completan el álbum «Corazón de León», «Romperme la Voz» y «Mezcal Sin Perdón». Esta última es además, el mejor ejemplo de la versatilidad que tiene la banda zaragozana, incorporando elementos cercanos a la musical regional mexicana. Es una apuesta especialmente interesante porque el cambio de estilo acompaña otra forma de afrontar el duelo, poniendo esta vez el foco en los reproches que quedan pendientes o los recuerdos que continúan doliendo pasado un tiempo.