
«Belonia», el lado optimista y romántico de Mafalda Cardenal
Bienvenidos a Belonia, un lugar en el que no hay cabida para las experiencias negativas y que Mafalda Cardenal construye alrededor de doce canciones que muestran su lado más optimista, romántico y despreocupado. En él conviven melodías irresistibles, sensibilidad pop y una forma muy personal de narrar lo cotidiano. Es la Mafalda de siempre pero sin filtros ni complejos. Con cierta dosis de rebeldía y ese punto de confianza que solo tienen los que se saben bien por donde caminan.
Si en «Mis notas de voz» predominaban el desamor, la rabia o las inseguridades, en este segundo álbum encontramos a una artista que le ha dado la vuelta a sus sentimientos. No se trata de cantarle al amor exclusivamente. Al revés, en «Belonia» también hay sitio para la nostalgia o el desamor. Lo que cambia es el enfoque. Ya no hay necesidad de buscar culpables ni de interpretar cada ruptura como un fracaso: Mafalda ha aprendido a mirar atrás sin quedarse atrapada en su pasado.
«Belonia» no está en los mapas. Ni siquiera tiene porque ser una ciudad, un país o un lugar físico. La propia Mafalda lo define como ese espacio al que regresar cuando los cimientos de tu vida se desmoronan. Puede ser una persona, un recuerdo o una experiencia que nos haga sentir que estamos exactamente en nuestra zona de confort. Dicho de otro modo, es una forma de regresar a lo esencial: a las personas que queremos y a los lugares en los que podemos ser realmente nosotros mismos.
El álbum es la confirmación de la madurez emocional de una Mafalda que sabe maximizar sus puntos fuertes y esconder aquellas debilidades que la hacen vulnerable. Para muestra, un botón. El disco abre con un dardo dirigido a todos aquellos que han cuestionado su trayectoria. Toda una declaración de intenciones para una artista que ha puesto sobre la mesa en más de una ocasión, la presión que acompaña a la exposición pública y el daño que pueden hacer muchas veces las críticas.
Esa es la primera parada de un viaje emocional en el que Mafalda reflexiona sobre el paso del tiempo, las relaciones compartidas o la rutina. También de la incertidumbre, las dudas y los recuerdos. Pero sobre todo, en el que habla de amor. Y lo hace ampliando su registro e incorporando elementos asociados al pop de los años setenta. El objetivo no parece limitarse a mantener una única fórmula, sino a explorar distintas maneras de acompañar las emociones que aparecen en las letras.