La burbuja de los festivales sigue en decadencia

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La burbuja de los festivales sigue en decadencia

Que la burbuja de los festivales se está desinflando poco a poco es una auténtica realidad, por mucho que queramos mirar hacia otro lado. Ya el año pasado hubo una tendencia a la baja en la calidad de eventos, mucha controversia y lo que es peor para los asistentes: cancelaciones de última hora. Los motivos fueron de lo más diversos. Desde el intrusismo laboral de empresas ajenas al sector musical hasta la poca accesibilidad, la falta de seguridad, la dificultad para obtener licencias o las condiciones meteorológicas.

Este año la dinámica parece la misma. Y es que, en menos de una semana, dos festivales han anunciado su cancelación. Por un lado, el Reggaeton Beach Festival y por otro lado el DCODE Festival. Ambos en Madrid. En el primer caso ha sido el Ayuntamiento el que ha denegado su autorización al no poder garantizar la seguridad. Además, el plan de movilidad presentado para gestionar el flujo de personas no era óptimo. Y por si fuera poco, el evento sobrepasaba los límites de decibelios permitidos en áreas residenciales y tampoco contaba con dicho permiso.

Mientras, la organización echa balones fuera achacando la negativa a una disputa política en medio del proceso electoral. Pero la realidad es otra: Madrid no está ahora mismo preparado para albergar eventos de esta índole. Y así se ha visto por ejemplo en el nuevo emplazamiento del Mad Cool, donde se vivieron numerosos incidentes. Las quejas y testimonios en redes sociales se cuentan por decenas: caos en los accesos, insuficientes baños, falta de sombras y fuentes para combatir el calor… La imagen de Harry Styles parando su actuación en diferentes ocasiones después de que varias personas del público se desmayaran lo dice todo.

Con distinto motivo pero mismo final ha terminado el DCODE Festival. La organización ha cancelado su edición tras intentar conseguir sin éxito otro cabeza de cartel que pudiera suplir a Lewis Capaldi, que ha causado baja por prescripción médica. Un argumento cuestionable viendo el resto de bandas que iban a tocar, algunas de ellas de primer nivel como Miss Caffeina, Zahara, Carolina Durante o Cariño. Esto no ha pasado desapercibido entre los internautas que achacan la cancelación a la escasa venta de entradas.

Suspender todo un festival debido a la baja de un único artista no es nuevo. Ya el año pasado el Mad Cool Sunset se canceló tras caerse del cartel Rage Against The Machine. Tampoco es novedad que los eventos se cancelen a horas de comenzar. Por ejemplo, el Reggaeton Beach Festival de Tenerife se suspendió 48 horas antes de dar el pistoletazo de salida al no poder obtener la licencia correspondiente. Y casi corre la misma suerte su «hermano» de Barcelona, que consiguió in extremis llegar a un acuerdo con el consistorio.

Los datos no mienten: 2022 fue un año nefasto para los festivales. El Madrid Puro Reggaeton Festival fue cancelado tras un cambio de ubicación a última hora, mientras que el Fan Fan Fest lo hizo debido al incumplimiento de las medidas de seguridad. Las olas de calor tampoco ayudaron en Tomavistas y Capital Fest e incluso en un autobús del Arenal Sound. Otros sufrieron los altos costes de producción o la falta de stock, como el Metal Paradise, Benás Festival, Mallorca Live Festival y Octopus Festival.

Las condiciones meteorológicas también jugaron una mala pasada cancelando eventos como el Crazy Urban Fest o los esperados conciertos de Malú y Leiva en el Som Festival Castelló. Aunque la peor se la llevaron el festival O Son Do Camiño, donde seis operarios resultaron heridos al derrumbarse el escenario principal durante el montaje. Y sobre todo, el Festival Aquasella en el que falleció un asistente a causa de un infarto y el Medusa Sunbeach Festival, con otra víctima mortal debido a un reventón cálido.

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